Por Jennifer López

Maria Elena Ceja recuerda cuando comenzó a ser voluntaria para ayudar a la juventud de Boyle Heights. Comenzó asistiendo a las reuniones de PTA en la escuela elemental de la Calle Primera y terminó enseñando catecismo en la iglesia de Nuestra Señora de Talpa. Ella vio la necesidad de ayudar a guiar a los jóvenes por un mejor camino y a estimularlos a trabajar para que consiguieran una mejor vida.

Aunque ayudar a los jóvenes fue su pasión, una vez llegó la COVID-19 ya no pudo continuar tan involucrada, debido a las órdenes de cierre. La mujer de 67 años de edad ansía que todo regrese a la normalidad para poder volver a ayudar a los jóvenes.

Esta entrevista realizada español fue revisada para lograr tanto la longitud como la claridad adecuadas.

Pulso de Boyle Heights: ¿Cómo fue su experiencia de venir de México a los Estados Unidos?

María Elena Ceja: Una experiencia con expectativas de estar juntos en familia. Le dije [a mi esposo] si te vas tú pues me voy yo, porque el concepto de familia es que estemos todos en un solo lugar, no importa la economía, sino que tratar de vivir una familia junta. La razón es que quería que mi familia estuviera junta, no separada.

PBH: ¿Y por qué decidió vivir en Boyle Heights?

MEC: Porque aquí… mi esposo, la primera vez que se vino sólo, aquí vivió y aquí tenía su trabajo en esta área. Mi papá estaba aquí antes de que nosotros nos viniéramos, y el vivió en esta área desde el 68.

“Si nosotros, que somos adultos mayores, no nos ponemos a pensar en los jóvenes, ¿qué mundo tendremos? ¿Cómo mostramos a los jóvenes que necesitan mejorarse a sí mismos? Me entristece que pierdan la vida por las drogas. Exigen cosas de sus padres, cosas materiales, pero pierden la vida por el alcohol, las drogas y las pandillas. La vida se pierde tan fácilmente, muy fácilmente.”

PBH: Me contaron que fue voluntaria en la Escuela de la Primera.

MEC: Pues cuando estaban los primeros tres que estaban yendo ahí, nunca fui a la escuela porque mi suegro los llevaba y los recogía, pero ya cuando él dijo que ya no me los llevaba, yo empecé a llevarlos. Y me empecé a involucrar allí cuando mi hija estaba ya en sexto [grado]. Luego ya me involucré en el comité de los padres, en el PTA, y pues de ahí empecé a ser voluntaria primero nomás en esa área, ya después con los años pues ayudaba en el lonche, ayudaba en el recreo de los niños, y así me la pasé ayudando.  

PBH: También fue voluntaria en la iglesia de Talpa, ¿cierto?

MEC: Soy voluntaria todavía. [Llevaba] a mis hijos al catecismo y luego ya un padre me dijo, “por qué no eres voluntaria?” Y empecé de ayudante, empecé a ser voluntaria de catequista, y luego ya ahí seguí hasta la fecha.  

María Elena Ceja during Zoom interview.

“Podría haber dado las clases a través de Zoom, como lo están haciendo ahora. Podría haber sido, pero como me gusta el contacto físico, le dije al líder que buscara gente más joven que se sintiera más cómoda con la tecnología porque no me siento competente. Más tarde reaccioné y dije que no, puedo hacer que mi hija me ayude a hacer todo en línea. Pero me dijeron que no, que le habían asignado todas las clases a este otro profesor.”

PBH: ¿Qué la motivó a ayudar a los jóvenes en Boyle Heights?

MEC: Siento que hay mucha necesidad en la juventud. Me motiva que habiendo tantas oportunidades de los que las personas que vienen apenas llegando no tienen las mismas oportunidades de los muchachos nacieron aquí y que a veces las desperdicien. [Lo] veo con tristeza. Si uno como ya, personas mayores de la tercera edad no se pone a pensar en la juventud, ¿qué mundo vamos a recibir? Necesitas siempre que haya personas en este mundo que ayuden a la juventud a impulsarlos a que pueden tener una vida mejor. Y se lucha.

Yo tengo una compañera que conozco de muchos años de la oración, y su niño fue creciendo y él le decía: “Quiero ir a la universidad. Quiero ir a la universidad.” Y ella decía, “No, no puedes, no puedes porque no tienes papeles, no puedes.” Y un día me platicó y yo le dije “Sí puede. Hay ayuda. Búscale, ayúdalo” y todo. Él tuvo la suerte de que un muchacho, que apenas había abierto la Universidad del Merced, él que era consejero buscaba personas de bajos recursos para poder entrar. Le ayudó a entrar ya cuando estaba entrando le ayudaron a sus papás con dinero y todo. Se graduó y ahora tiene un buen trabajo. Es bonito así conocer personas que tú le dices por una palabra “sigan adelante, todo se puede hacer”. En vez de decir “Tú no puedes hacer esto. Tú no puedes hacer lo otro” decirle “Sí puedes, si tienes ganas hazlo.”

“Me gusta ver a mujeres jóvenes interesadas en saber sobre su cultura, sobre la vida en Boyle Heights, que no todo es malo. Porque a veces mucha gente solo ve lo malo pero no ve lo bueno. Me gusta ver lo positivo. Escucho gente [en las noticias] hablando de Boyle Heights, y digo, si entrevistaran a las personas que salen adelante.”

PBH: Y ahorita con la [pandemia], ¿cómo le ha afectado en su trabajo?

MEC: A mí me dolió mucho porque, no sé, será que me gusta mucho platicar o hablar o decir de experiencias y todo.  A mí me afectó en el sentido de que yo podía haber dado las clases por así con Zoom, [pero] le dije a la catequista, no pues busca personas más jóvenes que puedan usar la tecnología porque no me siento competente. También parte de mí es el idioma que nunca me he atrevido, sí entiendo bastante el inglés y todo, pero no puedo articular oraciones completas para dar una catequesis. Y sí, pues eso es lo que más de esta pandemia me hizo sentir, como que tenía que dar algo a alguien y no, no se puede.

PBH: ¿Y qué es lo que más le gusta de Boyle Heights?

MEC: Ah pues me gusta todo, ya no me hallo en otra [parte] porque yo desde el día que llegué a este país, en la misma calle tengo los cuarenta, casi ya 50 años que tengo aquí, no me he movido de aquí. Boyle Heights es parte de mi vida. Para mi es una buena área porque todo está alrededor. Donde quiera que quiero ir, ahí nomás me salgo a la [Cuarta] y ahí agarró el bus. Y me gusta mucho mi todo aquí. Todas las personas que he conocido porque han pasado por la iglesia, porque la tengo tan cerquitas, que nos vamos, hasta nos venimos a veces cuando hay eventos en la noche y ya caminamos ya en la noche.

PBH: ¿Quiere compartir alguna otra cosa que usted piense que sea importante?

MEC: Me gusta que las muchachas se interesen en conocer algo de su cultura, de la vida de Boyle Heights, que no todo es malo porque a veces mucha gente nomás se fija en lo malo pero no se fija en lo bueno. Y a mí me gusta en lo positivo, porque yo siempre que empiezan [en las noticias] que Boyle Heights y todo yo digo no, si entrevistaran a las personas que realmente han salido adelante. Y por eso digo que es bonito barrio. Es como en todos lugares, de los ricos y los pobres, en todos hay cosas buenas y hay cosas malas, pero nos debemos de ir por las cosas positivas. No nomas por las cosas negativas. Debemos ser más positivos.

Este señor latino en inmigración, cuando me hice ciudadano me preguntó: “¿Por qué tienes tantos hijos? Debes estar mintiendo cuando dices que nunca pediste ayuda del gobierno”. Y yo le dije, nunca pedí ayuda y todos mis hijos fueron a la universidad. Y él dijo: “No te creo. Nada bueno sale de Boyle Heights”. Le dije: “Las cosas buenas salen de Boyle Heights, porque mis hijos fueron a la universidad”.

PBH: Pues le quiero agradecer por su tiempo y por hablar conmigo de su historia.

This is an abridged version of an interview recorded as part of “Voices/Voces,” a storytelling project that aims to connect youth reporters with Boyle Heights and East LA elders.  Voices/Voces was a 2020 finalist in (and partially funded by) the LA2050 Grants Challenge. It is also partially funded by the Snap Foundation.

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