Foto por Jessica Perez
Es el Día de San Valentín, quizás el día de mayor actividad del año para las florerías de la zona.

Armar ramos de flores y regalos envueltos en papel celofán es parte de los planes de Marisela Uriel, residente de Boyle Heights. Uriel no tiene una florería, es una madre que trabaja en el hogar y que aprovecha el Día de San Valentín para crear sus propios regalos y venderlos en la calle.

Durante los días previos a esta celebración, arma una mesa plegable en la acera frente a su casa sobre la ajetreada Soto Street. Ubica los arreglos florales junto a jarritos para el café decorados, dulces y ositos de peluche que resultan atractivos para los transeúntes.

“Comienzo a las 8 a.m. y me quedo hasta las 4 o 5 p.m.”, dice Uriel, mientras corre detrás de cajas de plástico y regalos que volaron de la mesa debido a los fuertes vientos de febrero.

Para un par de niñas del vecindario, los artículos que vende Uriel son una buena compra. No prestan atención al artículo más caro: un arreglo floral de 15 dólares, y en vez compran paletas con forma de corazón por 25 centavos cada una.

Uriel no es la única que considera esta celebración como una oportunidad para obtener dinero. Hay mucha competencia en Boyle Heights, ya que docenas de personas se dedican a armar puestos en estacionamientos, intersecciones de mucho tránsito e incluso en la puerta de sus casas. Debido a la crisis económica, es una situación ventajosa tanto para los vendedores como para los compradores: los floristas tanto amateurs como independientes obtienen un poco de dinero extra y los clientes un buen precio.

“Uno trata de hacer todo lo que puede. Este poquito sirve de ayuda”, dice Uriel.

Como madre sola con dos hijos y oriunda de México, Uriel siempre ha encontrado formas de mantener a sus hijos y hacer cualquier tipo de trabajo posible.
“Siempre trabajé por mi cuenta. Hice trabajos de sanitaria y construcción; limpié casas, cociné, planché ropa y cuidé niños. Todo lo que se pueda”, dice. Por eso, cuando hace ocho años surgió la idea de vender regalos festivos, aprovechó la oportunidad.

Dos veces al año, en el Día de San Valentín y el Día de la Madre, Uriel toma el autobús para ir al centro de la ciudad y trae todo lo que puede cargar en sus dos manos. Compra floreros de vidrio, dulces baratos, flores y juguetes de peluche, la mayoría de ellos obtenidos a precios mayoristas.
“Como pueden ver, invertí 120 dólares y espero obtener 200 dólares”, dice Uriel.

A pesar de la difícil situación económica, Uriel dice que tuvo un aumento en las ganancias en los últimos dos años. Quizás es porque evita invertir demasiado dinero en flores naturales, algo que le parece arriesgado y costoso. De todas formas, ofrece lo que los clientes buscan en este momento: precios bajos.

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