Una lista de nombres de los que participan en una tanda, generalmente son grupos de 10 a 20 miembros. / Foto de Jonathan Olivares

Uno elige los mejores 10 amigos, a los que uno les puede confiar la propia vida. Cada uno recibe un número, del 1 al 10. Después se asigna cierta cantidad de dinero, y esos son los ingredientes para comenzar con una “tanda”.

Las “tandas” son una forma en que las personas pueden unirse como comunidad y hacer que todas sean responsables de ahorrar dinero. Para Alfonso Estrada, residente de Boyle Heights, las “tandas” son una forma de “poder ahorrar dinero”. Estrada ya había participado en las “tandas” incluso antes de llegar aquí desde México, hace 20 años.

Muchos inmigrantes dependen de las “tandas” debido a la dificultad para obtener crédito. Las “tandas”, también conocidas como “asociaciones de crédito rotativo”, pueden ser una alternativa a los préstamos bancarios. El dinero que se obtiene de la “tanda” se usa con frecuencia para pagar cosas grandes: quinceañeras, bodas u otra necesidades como gastos médicos.

“Las ‘tandas’ son generalmente algo en que participa la gente pobre, especialmente las mujeres, para mantener un sentido de comunidad”, señala Bill Maurer, profesor de antropología de la Universidad de California, Irvine y director del Instituto de Dinero, Tecnología e Inclusión Financiera. El hombre es generalmente el principal sostén en las comunidades latinas, afirma.

Las “tandas”, lideradas con frecuencia por mujeres, son una forma en que éstas pueden volverse económicamente independientes, o por lo menos adquirir un sentido de control en lo que respecta a la economía familiar.

Ayuda para las empresas
“Las ‘tandas’ son una forma de juntar dinero, y lo puedes ocupar para lo que tú quieras. En mi caso, es por el negocio, porque me gusta comprar mercancías y pagar todo junto,”, dice Alma Díaz, de 36 años, propietaria de una pequeña joyería. Las “tandas” ayudaron a Díaz, madre soltera, a manejar su negocio y mantener a sus hijos.

La cantidad de miembros en una “tanda” determina la cantidad de semanas que durará esa “tanda”. Por lo regular, no hay más de 10 miembros en una “tanda”. El miembro que recibe el número 1 es generalmente el organizador de la “tanda”. Cada miembro representa una semana (o un mes), y cada miembro toma un número del 1 al 10.

Rosa Flores habla sobre su experiencia con las tandas, grupos de crédito local, desde hace más de 40 años. / Foto de Cinthia González

Todas las semanas (o meses), cada participante pone la misma cantidad de dinero, como por ejemplo, 25 o 100 dólares. Los miembros se turnan para recibir todas las aportaciones recolectadas en la semana (o el mes) que les asignaron. Con el tiempo, nadie pone ni saca más dinero que el que contribuyó. Básicamente, la “tanda” elimina la tentación de gastar el dinero, lo que con frecuencia es la parte más difícil de ahorrar.

Nadie sabe cuándo ni dónde se originaron las “tandas”, pero en América Latina se usan desde hace varias generaciones. “Muchas personas cuyas abuelas participaron en una ‘tanda’ ahora están interesadas en saber cómo funcionan”, afirma Maurer. Maurer observó un aumento en las “tandas” con la crisis económica y la dificultad cada vez mayor de obtener préstamos de los bancos.

Rosa Flores, que comenzó una “tanda” después de haber visto a su madre hacer algo parecido en México, aprendió a usar las “tandas” para ahorrar dinero. Su madre lo llamaba “caja de ahorros”. La lucha de su madre para salir adelante fue lo que motivó a Flores a esforzarse y trabajar mucho. La hija de Flores participa en “tandas” como forma de continuar con la tradición de ahorrar dinero.

Riesgos y beneficios
La participación en “tandas”, sin embargo, también tiene sus riesgos. En algunos casos, las personas se desaparecen con el dinero, después de recibir el pago, y no pagan su parte a los demás participantes. Puede haber peleas entre hermanas, los esposos pueden exigir el dinero y los familiares pueden darse a la fuga con el dinero.

La clave para tener una “tanda” que funcione es encontrar a las personas adecuadas. “Yo me acuerdo de un tío que nunca regresó con el dinero de la ‘tanda’ que él tenía que pagar, y entonces yo tuve que pagar. Lo bueno es que ya tenía dinero ahorrado para poder seguir la ‘tanda’”, contó Estrada sobre una mala experiencia que había tenido con las “tandas”.

En otras culturas también hay grupos de préstamos semejantes, que llevan otros nombres. Hay cundinas en el Caribe, susus en África Occidental y hui en China. Son todas formas en que las personas pueden unirse como comunidad y hacer que todas sean responsables de ahorrar dinero.

“El hecho de haber algo semejante en todas partes del mundo es un testimonio real de su importancia en la vida de la gente”, dice Maurer.

Díaz señala: “Las ‘tandas’ sí me ayudan a no deber a nadie…A mí me da mucho gusto poder mantener mi casa yo sola, y que a mis hijos no les haga falta nada”.
 

 ¿Alguna vez tuvo una mala experiencia con las “tandas”?  ¡Puede escribir sobre su experiencia para el Pulso de Boyle Heights! Envíenos un mensaje o comentario.

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