Mayor Antonio Villaraigosa and Comedian George Lopez gathered to speak to students at Roosevelt High school to announce a new program to boost attendance at school./ Photo by J. Emilio Flores /La opinion
Los estudiantes participan en "círculos de sanción" en un evento realizado en la Escuela Secundaria Mendez a principios de este ano. Foto de Jonathan Olivares.
Los estudiantes participan en “círculos de sanción” en un evento realizado en la Escuela Secundaria Mendez a principios de este ano. Foto de Jonathan Olivares.
Los estudiantes participan en “círculos de sanción” en un evento realizado en la Escuela Secundaria Mendez a principios de este ano. Foto de Jonathan Olivares.

Los estudiantes en el salón de clases toman sus asientos y forman un círculo. A medida que se acomodan en sus lugares, Jorge López les hace una pregunta muy directa: “ ¿Qué es lo que les está sacando la vida?” Uno a uno, los estudiantes comienzan a compartir sus historias.

Este tipo de ejercicio es un ejemplo de un “círculo de sanación”, parte de una nueva práctica disciplinaria que se está llevando a cabo en la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt. Durante este último año escolar, la preparatoria Roosevelt se convirtió en una de las tres escuelas del Distrito Escolar Unificado de Los Angeles (LAUSD) en comenzar a implementar prácticas de justicia restaurativa diseñadas para sustituir los métodos tradicionales de disciplina escolar.

Según un informe elaborado el año pasado por la Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Educación de EE.UU., los estudiantes de color sufren con frecuencia una tasa desproporcionadamente más alta de suspensiones y expulsiones. Los motivos de suspensión más comunes son infracciones relacionadas con la falta de respeto, la rebeldía y la desobediencia, según un informe reciente de la Universidad de California, Los Angeles.

Asediado por la baja tasa de graduación en todo el distrito y motivado por buscar la participación de los estudiantes en vez de su suspensión, la Junta Directiva de LAUSD aprobó la Carta de Derechos sobre el Ambiente Escolar en mayo de 2013. Eliminó la política de “tolerancia cero” que imponía castigos automáticos por quebrantar las reglas, sin importar las circunstancias, y terminó con las suspensiones por “rebeldía intencional”, la que se definía como una conducta perjudicial.

Mónica García, que representa al Distrito 2 en la junta escolar, ha sido una gran defensora de la justicia restaurativa, que sustituye a la tolerancia cero.   García ha trabajado en colaboración con los estudiantes, los padres y los educadores con la esperanza de “reducir las suspensiones, aumentar la asistencia y la tasa de graduación”.

Herramientas para resolver problemas

La justicia restaurativa está diseñada para mantener a los estudiantes en la escuela, en vez de expulsarlos del sistema, y brindarles las herramientas necesarias para resolver problemas. A los estudiantes se les enseña a resolver sus problemas mediante la participación en conversaciones en las que puedan entender el daño que le han causado a otro estudiante o incluso a la comunidad.

Michelle Ferrer comenzó a trabajar como coordinadora de justicia restaurativa en la preparatoria Roosevelt el año pasado, cuando la escuela comenzó a implementar las nuevas prácticas disciplinarias. La preparatoria Roosevelt comenzó el año pasado a emplear la justicia restaurativa en uno de sus centros más pequeños y este año lo expandió a toda la escuela.

Ferrer señala que la justicia restaurativa les enseña a los estudiantes a “comprender que hay consecuencias” y que tienen “la responsabilidad de remediar la situación”. Toma en cuenta aspectos disciplinarios a través del uso de prácticas como los círculos para reparar el daño. Un círculo para reparar el daño se compone de la víctima, el infractor y un facilitador.

Foto de Jonathan Olivares.

Una buena parte de la práctica incluye establecer un equipo de trabajo compuesto por un administrador, un consejero, docentes, miembros de la comunidad y estudiantes. Lupe Flores, capitana del equipo de porristas que cursa el 12 º grado en la preparatoria Roosevelt, ha trabajado en los equipos de trabajo ayudando a organizar eventos de justicia restaurativa en la escuela.

Flores afirma que ve cómo la justicia restaurativa la ha beneficiado a ella y a los demás estudiantes. Los círculos, dice, unen a las personas. “Nos ayuda a entender la perspectiva de la [otra] persona.     Nos ayuda a ver las semejanzas y las diferencias que tenemos con las otras personas”, dice Flores.

También ha ayudado al equipo de porristas. Flores dice que una de las primeras cosas que hizo el equipo este año fue sentarse en un círculo. “Pudimos entender mejor la perspectiva de cada una. Pudimos ver las diferencias”, dice, “la confianza en el interior de cada chica y entre nosotras”.

Manuel Criollo, organizador de la comunidad de Community Rights Campaign, es un gran defensor de la justicia restaurativa y ha estado trabajando para terminar con las políticas de justicia punitiva.

“Cuando multas a una persona por pelear en la escuela, o la arrestas, esto sólo agrava el problema”, dice. La justicia restaurativa, afirma, obliga a ambas partes a sentarse, pedir disculpas y asumir responsabilidad por sus actos. En este sentido, “enseña lecciones más profundas sobre la vida”.

Confusión entre algunos docentes

En un informe de mediados de año publicado en febrero, Restorative Justice: In Three Partnership Schools (Justicia restaurativa: en tres escuelas asociadas), la encuesta entre los docentes indicó que todavía existe cierta confusión sobre las nuevas prácticas disciplinarias.

Algunos miembros del personal escolar dicen tener confusión sobre cómo manejar la mala conducta de los estudiantes y que sería útil establecer un protocolo claro y específico a cada escuela. Otros dijeron que creen que las prácticas de justicia restaurativa limitan su autoridad y que se necesita contar con un responsable de disciplina tradicional.

Tanto los estudiantes como el personal escolar comentaron en la encuesta que las consecuencias no tenían una aplicación coherente y que muchas eran ineficaces. Según el mismo informe, las suspensiones en la preparatoria Roosevelt cayeron levemente de 2.4 por ciento entre todos los estudiantes durante el año escolar 2012-13 a 2.3 por ciento el año pasado.

Si bien algunos sostienen que la justicia restaurativa es un paso en la dirección correcta, otros creen que no se están invirtiendo los fondos suficientes para que esta práctica sea más exitosa. Hasta el momento, el distrito destinó $600,000 dólares a las prácticas de justicia restaurativa, que cubrirá a los cinco consejeros asignados a las diferentes escuelas. Las prácticas de justicia restaurativa se implementarán en todos los distritos escolares para el año 2020.

García señala que desearía contar con un coordinador de justicia restaurativa en todas las escuelas. “Esa es claramente una meta”, dice, “pero en la actualidad estamos muy lejos de tener los fondos para hacerlo”.

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