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Foto de FLickr usuario Chimpr/ Creative Commons

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Han pasado más de tres meses desde que Elizabeth Carolee Culbreath, residente de Fontana, ingresara al lado equivocado de la autopista 60, causando la muerte de seis personas, incluyendo la de su hermana.

Esta horrenda escena causó una masacre de vehículos destrozados y cuerpos ensangrentados diseminados por las sendas en dirección oeste de la autopista Pomona en Diamond Bar.

El alcohol jugó un papel importante en este accidente, que tuvo como consecuencia cargos de delito mayor por manejo bajo los efectos del alcohol y las drogas (DUI, por sus siglas en inglés) y seis cargos de homicidio involuntario contra Culbreath.

Supuestamente Culbreath, de 21 años, había estado celebrando la cancelación de las restricciones a su licencia de conducir originadas por un procesamiento previo por DUI y varias infracciones de tránsito.

A medida que se acercan las graduaciones, muchos adolescentes de Boyle Heights asistirán a los bailes de graduación, eventos en la noche de graduación y fiestas de fin de año escolar, y muchos de ellos conducirán vehículos.

Si bien los padres y los educadores hacen énfasis en la seguridad, los casos como el de Culbreath destacan la importancia de la educación sobre la seguridad.

Este incidente debe servir como una llamada de atención a los jóvenes que puedan verse en la situación de manejar bajo los efectos del alcohol o de las drogas.

Realmente no vale la pena.

Seamos responsables. No nos pongamos en la situación de conducir un vehículo para regresar a casa si estamos en un estado inadecuado para hacerlo.

Manejar en estado ebrio no solo es peligroso, también es ilegal y el consumo de alcohol de menores de edad es una preocupación especial para las autoridades del orden público.

Todos los que participen en celebraciones de este tipo pueden llamar a un taxi, a un amigo cercano o a un familiar para pedir ayuda.
Culbreath compareció recientemente ante el tribunal para fijar la fecha de la lectura de cargos, la trasladaron en una camilla, esposada y agobiada por el sentimiento de culpa.

Debería estarlo. No hay justificación para lo que hizo ese día.

Esa noche, Culbreath supuestamente chocó de frente, a 100 millas por hora, contra un Ford Explorer que llevaba a cuatro miembros de una familia de Huntington Park, matando a todos los ocupantes antes de golpear la camioneta SUV contra otro vehículo.

La conductora del segundo vehículo logró sobrevivir la colisión. Tuvo suerte. Sus pasajeros, incluida su hermana de 24 años, no tuvieron tanta suerte.

A Culbreath se le había permitido recuperar sus privilegios como conductora después de una serie de problemas relacionados con el manejo.

Es difícil no hacerse la pregunta sobre por qué se le restituyó la licencia de conducir, un hecho que puso en peligro a todos los conductores de California.

El sistema tiene muchos defectos, pero la culpa de este horrendo incidente es claramente de Culbreath.

Lo que Culbreath pudo haber pensado en esa terrible noche no está claro. Lo que está claro es que arruinó su vida y la de sus víctimas al decidir conducir bajo los efectos del alcohol.

El Departamento de Vehículos Motorizados (DMV, por sus siglas en inglés) y el sistema judicial deben redoblar sus esfuerzos para mantener a personas como ella alejada de las calles, antes de que tragedias como esta destruyan más vidas.

Es hora de que las infracciones DUI se clasifiquen como delito grave en la primera infracción. No debemos dar una segunda oportunidad. Si se detiene a una persona que maneja en estado ebrio debe perder la licencia e ir a la cárcel – así de sencillo.

Además, el proceso para recuperar los privilegios de manejo deben ser más extensos.

Quizás entonces sea más seguro conducir por las calles de California sin el temor de que alguien pueda arruinar nuestras vidas o la vida de un ser querido.

Recordemos manteneros seguros y si alguien se encuentra en una mala situación, como las víctimas de Culbreath, debemos hacer todo lo necesario para detenerlos – no sintamos vergüenza.

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