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Los estudiantes comen desayuno gratis en sus escritorios como parte del programa Breakfast in the Classroom de LAUSD. Foto de Siboney Arias.

 

Transcurre el segundo período de clases en la Escuela Magnet Francisco Bravo de Ciencias Médicas y se oye el ruido de las rueditas de un carro que se desliza por el pasillo e interrumpe a los estudiantes que se encuentran trabajando ávidamente en el anuario escolar.

Un trabajador estudiante ingresa a la clase con el carro de acero y levanta una bolsa azul para exhibir cajas de cereales, envases de leche y barras de granola. La mayoría de los estudiantes deja sus asientos y se dirige al frente de la clase para recoger su desayuno.

En todo el Distrito Escolar Unificado de Los Angeles (LAUSD), el nuevo programa, Breakfast in the Classroom (Desayuno en el salón de clases) ofrece alimentos a los estudiantes en sus salones entre las 8 y las 10 de la mañana. El menú cambia todos los días y los estudiantes toman el desayuno en sus pupitres, los que previamente eran solo usados para los trabajos escolares.

Este programa de desayunos de Los Angeles es parte de una iniciativa a nivel nacional cuyo objetivo es aumentar el acceso y la participación de las familias con ingresos que califican para recibir comidas gratis o de precio reducido en los programas de almuerzos y desayunos.

Uno de los principales motivos para ofrecer alimentos a los estudiantes fue la gran cantidad de alumnos que cumplía con los requisitos para recibir comidas gratis o de precio reducido pero que no aprovechaba estos programas. Según la subdirectora de Servicios de Alimentos de LAUSD, Laura Benavídez, antes de establecer este programa aproximadamente 190,000 estudiantes en todo el distrito tomaban a diario el desayuno en la escuela , pero 450,000 alumnos no lo hacían. “Solo el 29 por ciento de nuestros estudiantes se acercaba a recibir el desayuno”, señala Benavídez.

Los estudios han indicado que los estudiantes que no comen lo suficiente se concentran menos en clase, lo que tiene como consecuencia un desempeño académico más bajo. Share Our Strength, un grupo de defensoría que trabaja para erradicar el hambre, señala que los estudios indican que un niño que toma el desayuno tienen un desempeño de 17.5 por ciento más elevado en asignaturas como matemáticas, asiste a la escuela un promedio de 1.5 más días en el año escolar y obtiene puntajes más altos en las pruebas normalizadas que un niño que no desayuna.

En el LAUSD, donde el 80 por ciento de los estudiantes proviene de familias con ingresos inferiores a la línea de pobreza, muchos estudiantes se saltan comidas. Kenneth Sánchez, que cursa el 11 º grado en la Escuela Preparatoria Bravo, dice que generalmente “no come nada durante todo el día”. Explica que está demasiado ocupado para prepararse la comida por la mañana y las diversas actividades ocupan su tiempo durante todo el día.

El programa Breakfast in the Classroom comenzó a finales de 2011 en las escuelas primarias, en el 2013 se extendió a las escuelas secundarias, llegando este año a las escuelas preparatorias. En el mes de abril, los 640,000 estudiantes del distrito podrán recibir el desayuno gratis en su salón de clases.

La ampliación del programa de desayunos se cubrirá con 20 millones de dólares provenientes de fondos federales. Para poder recibir la financiación, el distrito debe cumplir con las normas nutricionales establecidas y promover el programa para garantizar que ningún alumno quede sin participar.

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Los estudios demuestran que a los estudiantes que desayunan les va mejor en la escuela.Foto de Siboney Arias.

Quejas de los maestros

Si bien la mayoría de los maestros apoya la idea de asegurase de que los estudiantes se alimenten, son también unos de los críticos más grandes del programa.

“Creo que una de las cosas más difíciles para los maestros es que no tienen tiempo para encargarse de su trabajo”, señala Brandon Nakama, profesor de historia y debate en la Escuela Preparatoria Bravo. El tiempo dedicado a desayunos resta 48 horas en el tiempo de instrucción durante todo el año escolar.

Algunos maestros no están conformes con las consecuencias de comer en clase. Nakama dice que los estudiantes dejan todo sucio y sin limpiar. “El piso queda todo pegajoso, lo que se extiende y deja huellas sucias por todas partes”, dice.

Otros, como Harlaee Santana, profesora de imágenes digitales en la Escuela Preparatoria Bravo, prefiere enfatizar los beneficios del programa. “Es un momento para compartir con otros [estudiantes] e interactuar”, afirma.

Quejas de los estudiantes

Algunos estudiantes tienen quejas sobre el programa. No están conformes porque dicen que perdieron el recreo nutricional y se sienten atrapados en el salón de clases. “Siento que es una pérdida de tiempo porque algunos ni siquiera comen la comida y estamos obligados a permanecer sentados en el salón de clase”, dice Zenith Farin, estudiante del 12 º grado de la Escuela Preparatoria Bravo.

Más allá de las críticas, las autoridades del distrito afirman que han observado un aumento del 89 por ciento en la participación de los estudiantes en los últimos tres años. Los maestros llevan registro de la cantidad de estudiantes que participan en el programa. Los incentivos para cada escuela se basan en la participación. Si una escuela tiene al menos el 70 por ciento de sus estudiantes que toma el desayuno, recibe 20 centavos al día para usar a su discreción por cada estudiante adicional que exceda la participación del 70 por ciento.

Según Benavídez, el distrito está dispuesto a hacer las mejoras que sean necesarias y busca con frecuencia las opiniones y sugerencias de los estudiantes, los maestros y los padres. “Lo tomamos muy en serio. Queremos que el programa tenga éxito”, señala.

 

 

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