Photo by abbybatchelder/ Flickr (Creative Commons)
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Durante mi infancia, recuerdo que me resistía a dormirme para poder ver llegar a Papá Noel sigiloso por la chimenea, para dejar los regalos debajo del árbol de Navidad. Desafortunadamente, la resistencia siempre me falló.

Como todos los demás niños, creí que Papá Noel entraría en mi propia casa, tomaría el vaso de leche y comería las galletas Chips Ahoy que siempre le dejaba. Una vez incluso pedí una caja de pizza con salchichón, solo para asegurarme de que Papá Noel quedara contento con mis ofrendas y eso le diera más motivos para agasajarme con regalos.

El reloj dio las nueve y mi madre me obligó a irme a dormir, e hizo cumplir su orden a la fuerza, ya que literalmente me tuvo que arrastrar hasta la cama. Como era un niño muy testarudo, inventaba excusas para salir de la cama, como ir al baño a cepillarme los dientes, volver al baño porque había olvidado pasarme el hilo dental y quejarme de dolor de estómago. Después de haber agotado todas mis “excusas”, mi madre se dormía afortunadamente y eso me daba la libertad de permanecer despierto.

Esa misma noche, me aseguré de que la casa estuviera tan limpia como la Casa Blanca, o lo más cercano posible a ello. De alguna forma me las arreglé para barrer el piso, guardar todos mis autitos de juguete en el depósito de juguetes que era mi armario, y limpiar todos los espejos de mi casa, en caso de que Papá Noel se quisiera alisar la barba o retocar el sombrero. Luego de haberme asegurado de que todo estuviera en su sitio, me fui a la cama con mi Walkman, lo encendí y me puse los audífonos.

Pero con el paso de las horas, me dormí. Si, ya sé, todo ese trabajo para nada. Me desperté a la mañana siguiente y encontré los regalos y la caja con la pizza, a la que le faltaban dos porciones. No pude dejar de sentirme enojado y triste. Creo que nunca podré ver a Papá Noel.

Les doy un consejo a todos los niños: antes de gastarse todo el dinero de sus alcancías en comida para agasajar a Papá Noel, les sugiero que hablen primero con sus padres; y si esperan ver a Papá Noel algún día en su casa, les deseo suerte”¦  ¡mucha suerte!

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