La proximidad del bullicio del tránsito en la autopista Interestatal 5 parece difícil de ignorar, pero Luna Espinoza dice que dedicar algunas horas por semana a trabajar en la huerta de Boyle Heights le ayuda a distenderse.

Luna Espinoza atiende su jardín en la Mott Street Urban Farm.

“Encontré mi rincón en el paraíso en esta huerta”, dice esta aficionada a la horticultura de 18 años de edad.

Este pequeño y oculto espacio verde, llamado Mott Street Urban Farm, se ubica en la esquina de las calles Fickett y 7th.

Este predio forma parte de la tendencia que se está dando por crear huertas comunitarias en zonas urbanas de todo el país. La agricultura urbana es una manera en que las personas pueden tomar el control de lo que cultivan y consumen, así como también de su salud general. Según la Asociación Nacional de Horticultura, el cultivo de huertas en zonas urbanas aumentó 29 por ciento de 2008 a 2013.

No todos los residentes de Boyle Heights tienen acceso a espacios verdes propios, por lo tanto, las huertas comunitarias y escolares permiten a las personas de todas las edades y de todos los niveles de ingresos a participar en este movimiento que se observa a nivel nacional.

Ya hace más de un año que Espinoza se dedica a cultivar en esta huerta comunitaria. Cuando está en este lugar, definitivamente se siente en territorio conocido. Mientras camina de una parcela a otra, se inclina varias veces para echar una mirada más de cerca y luego se limpia la tierra de las rodillas. No resiste la tentación de tomar la frutas, verduras y hierbas de colores vivos y de maravillarse ante la gran variedad de aromas naturales.

Después de cortar un trozo de col rizada para poder observar con más detenimiento a la sombra de su sombrero, habla sobre las técnicas de cultivo necesarias para el óptimo desarrollo de esta verdura.

Huertas con base en la escuela

Las verduras y hierbas frescas son importantes para comunidades como Boyle Heights.

Si bien muchas veces se piensa en la horticultura como una actividad atractiva principalmente para las generaciones más mayores, introducir esta actividad a los niños y a los adultos jóvenes se está volviendo cada vez más popular. Se ha ampliado la financiación para implementar proyectos de horticultura y huertas en las escuelas, lo que motiva a los estudiantes a aprender sobre la salud y a conectarse con su entorno. Según un proyecto de investigación llamado “Cultívate LA”, de los 1.261 predios agrícolas registrados en el Condado Los Ángeles en 2013, 761 eran huertas escolares.

Espinoza tuvo la fortuna de participar en una huerta escolar durante su infancia. Su pasión por la agricultura comenzó con su madre, aunque no tuvo una participación activa en esta actividad hasta que se unió al club de horticultura de la Preparatoria Roosevelt hace dos años, cuando cursaba el 11º grado. El proyecto de horticultura estaba a cargo de Enrich LA, una organización que enseña técnicas de cultivo y ofrece espacio para realizar actividades prácticas.

Hoy, Espinoza dedica un par de días por semana a la huerta Mott Street Urban Farm. LA Conservation Corps arrienda el predio al Consejo de Huertas Comunitarias de Los Ángeles, que supervisa muchos de los predios agrícolas de la comunidad en todo el Sur de California.

Richard Tom, encargado voluntario de esta huerta, que ya tiene tres años de existencia, señala que la meta del proyecto es fomentar a la comunidad a participar de la agricultura y disfrutar de sus beneficios.

“En un vecindario como Boyle Heights, es importante que las personas se interesen por la agricultura urbana y por cultivar sus propias cosas. De esta manera, se conectan con los alimentos y esperamos así romper con este desierto alimentario”, señala Tom.

La huerta Mott Street Farm se diferencia del resto de las huertas comunitarias ya que sus parcelas no pertenecen a una sola persona o familia, sino que se comparten entre todos los miembros de la comunidad. Tom afirma que funciona más como una granja y las personas comparten la cosecha.

Si bien anteriormente la producción agrícola estaba restringida a las zonas más rurales, el Departamento de Agricultura señala que el 15 por ciento de todos los alimentos producidos en 2013 en el mundo fueron cultivados en zonas urbanas.

La investigación realizada por William McCarthy, profesor adjunto del Departamento de Salud Pública de UCLA, indica que muchas personas en el Este de Los Ángeles ya tienen algún tipo de cultivo comestible en sus jardines. Un estudio realizado entre agosto y diciembre de 2014 reveló que más de una cuarta parte de los residentes del Este de Los Ángeles cultivaba el cactus, un alimento tradicional de la cocina latina.

Honrar las raíces

Ana Holton dice que su jardín la ayuda a mantenerse conectada a sus raíces.

Muchos residentes locales son descendientes de trabajadores agrícolas. Ana Holton, de 67 años, que llegó al Este de Los Ángeles hace seis años, recuerda su infancia en Zacapa, Guatemala, donde creció junto a los cultivos y aprendió sobre las tradiciones agrícolas de su familia. Cuando supo sobre la huerta comunitaria que se estaba creando en el Este de Los Ángeles, aprovechó la oportunidad de participar, lo que le permite conectarse nuevamente con sus raíces junto a una nueva generación de horticultores.

“Provengo de una familia pobre de una zona rural que amaba la tierra y que nos inculcó ese amor y esa pasión”, dice Holton.

Hoy, Holton visita la Huerta Comunitaria Eastmount del Este de Los Ángeles entre cuatro y cinco veces por semana. La huerta, que comenzó a funcionar en mayo, es una de las primeras en la zona.

“No saben lo feliz que me hace sentir esta huerta”, dice Holton. “Tengo espacio para ver crecer a mis propias semillas”.

Holton también dio a conocer la huerta a otras personas debido a sus beneficios. Su hijastra de 32 años, que tuvo algunos problemas de salud, también decidió dedicar tiempo a la huerta. Holton señala que esto le abrió los ojos y ahora su hijastra consume los alimentos que cultiva.

Los jardines comunitarios permiten a residentes tener acceso a comida saludable.

Los beneficios que ofrece el cultivo de alimentos son variados, desde disfrutar de una salud mejor a tener acceso a alimentos más frescos. Pero los residentes no necesitan participar en una huerta comunitaria para disfrutar de estas mismas ventajas. Las verduras pueden cultivarse en jardines o en macetas.

“Como estrategia para motivar la participación de los residentes de bajos ingresos del Este de Los Ángeles, que viven cerca de tiendas que no ofrecen muchas verduras, deberíamos ayudarlos a aprovechar el acceso que ya tienen”, dice McCarthy.

En marzo se aprobó una ordenanza que permite a los residentes de Los Ángeles a usar la banda de tierra en las aceras para cultivar frutas y verduras. Anteriormente, los residentes podían recibir multas de hasta 400 dólares por hacerlo.

Guerrilla agrícola’

Como Espinoza no tenía espacio para cultivar todo lo que deseaba, dice que comenzó una “guerrilla agrícola”. En este tipo de cultivo, las semillas se plantan en propiedad pública o privada, aunque no se cuente con el derecho legal para hacerlo.

“Decidí volverme revolucionaria y comencé a plantar todo lo que me era posible”, dice Espinoza. Espinoza también usó los espacios de sus amigos y vecinos para producir abono y cultivar frutas y verduras.

McCarthy señala que esta tendencia agrícola continuará aumentado ya que las generaciones más jóvenes están eligiendo comer alimentos más sanos. “El resto de nosotros debería emular las tradiciones milenarias, ya que desde el punto de vista ambiental y nutricional, nos beneficia seguir su ejemplo”, afirma McCarthy.

Todas las fotos son de Samantha Olmos.

Antonio Mejías-Rentas

Antonio Mejías-Rentas is a Senior Editor at Boyle Heights Beat, where he mentors teenage journalists, manages the organization’s website and covers local issues. A veteran bilingual journalist, he's...

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