Un viernes de tarde en la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt de Boyle Heights, Luis Navarrete trabaja intensamente cortando piezas y conectando componentes que lo ayuden a construir un robot. Navarrete es miembro de L.A. Streetbots, un club de robótica que participa en competencias contra otras preparatorias.

“Es una de esas cosas con las que puedo jugar y divertirme –máquinas, conectar cosas, algo que me encanta”, señala. “Es algo que motiva mi curiosidad intelectual”.

Luis Navarrete, estudiante de último año de la escuela secundaria Theodore Roosevelt en Boyle Heights, sueña con ir a Stanford, pero teme que se le pueda negar una educación porque no tiene documentos.

Navarrete es un estudiante muy aplicado. Es uno de los primeros en levantar la mano en clase, y uno de los mejores alumnos del 12.º grado de la preparatoria Roosevelt. Tiene muchas esperanzas de continuar estudiando, aunque tiene gran incertidumbre sobre su estado legal en Estados Unidos.

Navarrete espera con ansiedad recibir noticias de las universidades y poder pensar en el futuro. “Stanford es la universidad de mis sueños, que se encuentra aquí en California”, dice.  

Cuando tenia siete años, sus padres se mudaron con él desde México. Tuvo dificultades para adaptarse a la vida en Estados Unidos. El idioma fue un problema para él y debió repetir el primer grado.

Aunque al momento ha logrado todas calificaciones de “A”, los estudios no siempre le resultaron fáciles. Debió tener mucho apoyo académico a lo largo de los años y asistir a clases durante el verano. Debido a su situación migratoria, ha tenido una visión un poco pesimista sobre su futuro.

Durante los primeros dos años de la preparatoria, Navarrete no dedicaba tiempo a pensar si deseaba continuar o no con su educación. “Simplemente internalicé el hecho de que soy indocumentado, por lo tanto, la universidad no era algo para mí”, señaló. Luego conoció a unos estudiantes muy competitivos y empezó a participar en actividades extracurriculares. Afirma que los clubes, como el de robótcia, le ayudaron a cambiar su perspectiva y lo motivaron.

Sin embargo, ahora que se encuentra enfocado en su educación, a Navarrete le preocupa su situación migratoria bajo la administración actual, y la manera en que esto puede impedirle alcanzar sus sueños. “El presidente actual exacerba mis peores temores”, señala. “Quizás toda mi familia termine siendo deportada o me nieguen el acceso a la educación por el hecho de ser indocumentado”, afirma.

Teresa Sutuc, consejera universitaria del Departamento Magnet de Matemáticas, Ciencias y Tecnología de la preparatoria Roosevelt, ayuda a los estudiantes del 12.º grado a presentar sus solicitudes de ingreso a la universidad. Sutuc afirma que para los estudiantes indocumentados –incluso para aquellos que se encuentran bajo el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés)– la capacidad de cubrir los gastos de la universidad representa un gran problema. A algunos jóvenes que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños, el programa DACA les permite trabajar y estudiar sin sentir temor a ser deportados. La administración Trump ha dado pasos para cancelar el programa DACA, pero hasta la fecha, los tribunales han mantenido su legalidad. 

“Cualquier estudiante puede entrar en la universidad”, afirma Sutuc, pero “los estudiantes indocumentados deben asegurarse de entender que no tendrán todo cubierto”. Sutuc afirma que muchos estudiantes empiezan a dudar sobre sus posibilidades de ir a la unversidad debido a la cantidad de dinero que se necesita.

María Pérez, cuyos padres la trajeron a Estados Unidos cuando tenía tan solo un año, entiende esta tensión y es algo que la preocupa. Pérez se encuentra cursando el primer año en California State University, Los Ángeles, donde recibe ayuda financiera. Hace un año, Pérez no sabía si tendría la oportunidad de continuar con sus estudios.

“Lo primero que pensé cuando pasé al 12.º grado en la preparatoria fue: ‘¿Podré ir a la universidad porque soy primera generación?’”, recuerda Pérez, que proviene de una familia de seis integrantes. “El dinero era una consideración muy importante. Pensaba: ‘¿Me podrán aceptar por mi estado migratorio y mi ciudadanía?’”.

María Pérez, estudiante de primer año de la Universidad Estatal de California en Los Ángeles, recibe ayuda financiera, pero se preocupa por lo que sucederá si finaliza el programa DACA.

Pérez recuerda que su madre le habló sobre su situación cuando estaba en la escuela secundaria media y le dijo que quizás no podría ir a la universidad porque no era ciudadana. Cumplir con los requisitos para el programa DACA la ayudó a motivarse e intentar ir a la universidad.  

“Mantuve eso en mente para lograr cumplir con los sueños de mis padres de lograr algo y llegar a ser alguien en la vida, sin tener que pasar por sus dificultades”, señala Pérez.

Bajo la amenaza de que el programa DACA se cancele, a Perez y su familia le preocupa que su sueño de tener una vida mejor quede destruido. “Me digo a mí misma que es un obstáculo incluso más difícil que tengo que superar”, afirma.

En el Centro Dreamer de Cal State LA, los estudiantes se acomodan en sofás a hacer sus tareas y comer pasta instantánea. Hemic Preciado, director del centro, habitualmente luce una sonrisa y está siempre listo para ayudar.

“Los estudiantes usan este espacio como un hogar lejos de su hogar”, afirma Preciado.

El Centro Dreamer es donde los estudiantes se dirigen para hacer preguntas y compartir sus inquietudes sobre su estado migratorio y cómo esto afecta a su vida universitaria. El centro ofrece una clínica mensual sobre inmigración, donde invita a abogados para ayudar a los estudiantes a completar la documentación para presentarse al programa DACA y también ofrecen consejos sobre si existen maneras de alcanzar la ciudadanía para ellos o sus familias.

Debido a las políticas migratorias de la administración Trump, muchos estudiantes se preguntan si podrán continuar con sus estudios en la universidad. Preciado intenta hacer todo lo que está a su alcance.

“A los estudiantes les recuerdo que durante muchos años no existía ayuda financiera disponible para los alumnos indocumentados. Tampoco existía el programa DACA e igual teníamos muchos estudiantes indocumentados en la universidad que no recibían ayuda financiera ni tampoco tenían la capacidad legal para trabajar”, afirma Preciado.  

El Centro Dreamer intenta asegurase de que sus estudiantes actuales, como María Pérez, puedan continuar estudiando, y que los estudiantes futuros, como Luis Navarrete, estudiante del 12.º grado, no se den por vencidos.

Pérez señala que si bien las cosas parecen estar tranquilas por ahora, siempre existe la posibilidad de que se cancele el programa DACA, lo que la pone nerviosa sobre su futuro.

“Espero graduarme en cuatro años y lograr todo lo que me he propuesto”, dice Pérez. “Mi objetivo es graduarme con un diploma en justiciar penal. Realmente quiero poder terminarlo y quizás seguir estudiando un posgrado, si puedo. Es cuestión de proponérmelo y de estar convencida”.

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