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Por Jackie Ramírez

De niña, Elizabeth Ginsburg vivió en Boyle Heights. Estudió en las escuelas Malabar y Hollenbeck, y se graduó de la preparatoria Roosevelt en 1942, donde se desempeñó como la editora del periódico escolar. La mujer de 96 años recuerda su juventud, cuando solía salir de recorrida por su vecindario tan diverso y hablaba con los niños en la calle.

Esta entrevista fue modificada para lograr la longitud y claridad adecuadas.

Pulso de Boyle Heights: Nació en Tennessee y luego se mudó a Boyle Heights cuando tenía 10 años. ¿Cómo fue que terminó en Boyle Heights?

Elizabeth Ginsburg: Se trata de una buena historia. Mis padres estaban divorciados. Mi madre decidió dejar Nashville y mi abuelo y su mejor amigo ya vivían aquí, por lo que nos ayudaron a mudarnos a Los Ángeles. Al inicio, cuando llegamos aquí, mi abuelo vivía en South Pasadena. Pasamos tres meses en ese lugar y luego nos dijo que nos teníamos que mudar a un vecindario judío y nos llevó a Boyle Heights. No sabíamos nada del vecindario, pero resultó ser un lugar maravilloso y mi hermano y yo solíamos caminar por las calles, mirando los diferentes estilos de arquitectura y hablando con los demás niños. Cuando comenzaron las clases, asistí a la Escuela Primaria Malabar y allí conocí a Harriet Rochlin [historiadora y novelista] que se sentaba junto a mí.

PBH: ¿Cómo fue su infancia? ¿Cómo describiría su niñez en Boyle Heights? ¿Cómo era el vecindario?

EG:  Era un gran vecindario. Había muchas oportunidades porque el gobierno creaba plazas de juegos y allí se organizaban todo tipo de actividades para los niños. Y allí podíamos conocer a personas de todo tipo, de diferentes nacionalidades, algunos inmigrantes recién llegados. La mayoría eran mexicanos, judíos y japoneses.

PBH: ¿Participó en algunas de las protestas en aquel entonces? 

EG:  En aquella época había muchos niños que crecían en hogares de izquierda, tanto judíos como mexicanos, porque había mucha injusticia en esta cultura. Y no era algo que solo ocurría en la preparatoria Roosevelt, era que pasaba en toda la sociedad. Se debía a la pobreza, a la depresión y a la falta de educación de calidad. Por eso, los alumnos de la Roosevelt se organizaron y protestaron. Los estudiantes también eran muy conscientes de la llegada inminente de la Segunda Guerra Mundial. Y en aquella época había una gran simpatía por los rusos, aunque no lo crean, porque los rusos ya estaban peleando contra los nazis, antes de que nosotros nos uniéramos a la guerra.

PBH: ¿Qué recuerdos tiene de la preparatoria?

EG:  [La Roosevelt] tuvo un impacto muy grande y de muchos tipos en los estudiantes que estudiaron allí y fue increíble poder conocer gente de otras nacionalidades y culturas. Teníamos un club de amigos del mundo. Había representantes de las diferentes nacionalidades. Solíamos reunirnos con frecuencia y conversábamos sobre las injusticias que veíamos en nuestra sociedad y en otras sociedades, y también hablábamos de política. Pero prácticamente de un día para otro se llevaron a todos los estudiantes japoneses, eso fue una gran tragedia.

Tenía una muy buena amiga japonesa que se mantuvo en contacto conmigo, me envió una postal. A ella y su familia, así como a muchas otras familias japonesas las llevaron al hipódromo de Santa Anita. A cada familia se le asignaba un compartimento, que era en realidad una caballeriza. Allí estuvieron por un par de meses hasta que finalmente los llevaron a los campos de detención. Fue algo totalmente escandaloso. Y los estudiantes de la preparatoria Roosevelt sentían mucha solidaridad por los japoneses, porque los conocíamos muy bien. La mayoría de ellos eran muy buenos estudiantes y jugadores de fútbol americano. También teníamos una casa llamada “Eleanor Roosevelt”. Era una casita donde nos reuníamos a tomar el té, principalmente para muchachas. Celebrábamos la vida japonesa con el té. Celebrábamos los días festivos mexicanos con el té. Teníamos un maravilloso intercambio de culturas en la preparatoria Roosevelt en esa época.

PBH: ¿Cuándo se graduó de la Roosevelt?

EG:  Me gradué en 1942. Y luego estudié en UCLA durante un año, pero mi madre y mi hermano seguían viviendo en Boyle Heights. Y yo estudiaba en UCLA. Era muy difícil trasladarme desde Boyle Heights a UCLA. Por eso, un año después, me transferí a Berkeley donde tenía amigos de Boyle Heights que estudiaban allí.

PBH: ¿Y cómo fue su experiencia en Berkeley? ¿En qué aspectos le resultó distinto de Boyle Heights?

EG: Fue una experiencia que cambió mi vida. Berkeley era un crisol de culturas al igual que Boyle Heights, con muchos jóvenes de diferentes nacionalidades. Era un lugar muy político donde ocurrían muchas cosas. En ese momento estaba teniendo lugar la Segunda Guerra Mundial y se hablaba mucho sobre la ayuda a los rusos en la guerra, tanto en Boyle Heights como en Berkeley. Había un fuerte sentido de luchar contra los nazis y apoyar a los rusos.

“Berkeley era un crisol de culturas de la misma manera que lo era Boyle Heights… Era un lugar muy político para estar y estaban pasando muchas cosas. Fue durante la Segunda Guerra Mundial. Y había mucha ayuda rusa en la guerra en ese momento en Boyle Heights. Tenían un gran puesto de socorro de guerra ruso en la esquina de Brooklyn Avenue y Soto Street, que era una de las principales conexiones en Boyle Heights. Y en Berkeley, estaban recaudando fondos también para el alivio de la guerra rusa. Había una gran sensación de luchar contra los nazis y apoyar a los rusos en ese momento.” 

PBH: ¿Qué estudió en la universidad? 

EG: Estudié inglés y tomé muchas clases de ciencias sociales y periodismo. La calidad de los profesores era excelente y demostraban [mucho] interés por los estudiantes. Por eso, me marcaron mucho algunos de los cursos que tomé allí. Uno de ellos fue un curso de derecho internacional. Aprendí sobre las terribles dificultades que tuvo que efrentar la gente durante la época nazi, en especial los judíos que fueron asesinados. También aprendí sobre otro tipo de violaciones cometidas por el gobierno de Estados Unidos. 

PBH: ¿Cuántos años vivió en Boyle Heights?  

EG:  Viví [en Boyle Heights] hasta 1950. Después de mi graduación de Berkeley, me fui a vivir a Nueva York. Mi madre se mudó en 1950; yo me casé en Nueva York y nunca volví a vivir en Boyle Heights.

PBH: ¿Cuándo regresó a Los Ángeles? ¿Se mantuvo en contacto con sus compañeros de la preparatoria Roosevelt?

EG:  Regresé cuando ya tenía tres hijos y mi esposo debió trasladarse aquí por trabajo. Fui a la celebración por el 75.º aniversario de la Roosevelt. Las obras de construcción se realizaron en 1922 y la preparatoria abrió sus puertas en 1923.

Teníamos reuniones con bastante regularidad y hablábamos de los viejos tiempos… Nuestra reunión por el 50.º aniversario fue maravillosa. Asistieron muchas personas y hubo un grupo de mariachis a la entrada para recibirnos. Un compañero y yo hicimos diapositivas de todos los que nos enviaron fotos y las proyectamos en la pared del hotel donde celebramos ese evento.

“Una vez al año, teníamos el Día Internacional de la Paz. Todos vistieron sus trajes típicos, desfilaron alrededor del campo de fútbol. Y estaban todos estos alimentos, teníamos muchos armenios en el campus. Algunos italianos, por supuesto muchos japoneses, muchos mexicanos y algunos cubanos, que yo recuerde. Y luego muchos judíos, así que fue fantástico. Marcharon alrededor del campo, y todos trajeron su propia comida, las diferentes comidas nacionales, y se vistieron con sus disfraces, y fue una verdadera celebración internacional. Por supuesto, luego vino una guerra y todo eso se desvaneció.”

PBH: ¿Le gustaría agregar algo más?

EG:  Hay un excelente libro sobre Boyle Heights que les recomiendo darle una mirada. [Boyle Heights: Recollection and Remembrances of the Boyle Heights Jewish Community in Los Angeles, 1920s – 1960s] (Boyle Heights: recolección y recuerdos de la comunidad judía de Boyle Heights en Los Ángeles, de 1920 a 1960). Este libro incluye recuerdos personales de muchas personas. Por ejemplo, uno de los recuerdos es de Harriet Shapiro Rochlin, que se convirtió en una escritora famosa, y dice: “La mayoría consideraba a Boyle Heights como un vecindario poco atractivo”. Todos los artículos [en el libro] fueron creados por jóvenes que crecieron en Boyle Heights y cuentan sus recuerdos. Es un libro fantástico.

PBH: Muchísimas gracias, esta entrevista fue de gran utilidad. Y me da mucho entusiasmo pensar que otros van a leer y oír las historias compartidas.





This is an abridged version of an interview recorded as part of “Voices/Voces,” a storytelling project that aims to connect youth reporters with Boyle Heights and East LA elders.  Voices/Voces was a 2020 finalist in (and partially funded by) the LA2050 Grants Challenge. It is also partially funded by the Snap Foundation.

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