Bryan Quezada usa una bandera aerogrfada para preguntarle a Jaqueline Bañuelos al baile de graduacion. Foto cortesia de Bryan Quezada.
Bryan Quezada usa una bandera aerografada para preguntarle a Jaqueline Bañuelos al baile de graduacion. Foto cortesia de Bryan Quezada.

Se dice que la tercera es la vencida, pero Juan Fuentes, estudiante recién graduado del Centro de Aprendizaje Felicitas y Gonzalo Méndez, tuvo suerte en el segundo intento. Después de recibir un rechazo, decidió a invitar a una chica con dos ramos de flores en la mano, y finalmente obtuvo la respuesta que esperaba.

Fuentes no estaba pidiéndole la mano en matrimonio, solamente estaba invitándola al baile de graduación. La extravagancia con que se realizan estas invitaciones hoy en día sugiere algo más grande que trasciende el baile de graduación de la preparatoria. Los estudiantes lo llaman “promposal” en inglés, un juego de palabras entre “propuesta” y “baile de graduación”.

Hoy, invitar a alguien a un evento como el baile de graduación puede resultar costoso y además exponer mucho a las personas. La manera en que se invita a alguien al baile es con frecuencia tan importante como a la persona que se invita. Ya no se trata de una simple pregunta, es algo que lleva meses de planificación y perfeccionamiento, y con frecuencia implica la ayuda de otras personas.

Las “promposals” dependen de la creatividad, la simpatía y la originalidad. Y la manera en que se hace la invitación también puede hacer toda la diferencia entre recibir un “s픝 o un “no” como respuesta. “Es la idea y los detalles los que atraen a las chicas y lo que más importa es la intención”, dice Jaqueline Bañuelos, estudiante recién graduada de la Escuela Preparatoria Autónoma Ánimo Óscar De La Hoya.

A veces se realiza con una salida romántica, como en el caso de Maggie Vera Sandoval, estudiante recientemente graduada del Centro Méndez. El novio de Sandoval, Daniel Valenzuela, la llevó a Santa Bárbara por el fin de semana. “Lo primero que hicimos fue dar un paseo en un bote, porque nunca había estado en uno”, dice Sandoval. “Me pidió para ir al baile allí mismo”.

Mientras que algunos estudiantes prefieren hacer un gesto romántico en privado, otros eligen una demostración más pública. Bryan Quezada, graduado recientemente de la preparatoria Óscar De La Hoya, dedicó por lo menos tres semanas a decidir cómo invitar a Jacqueline Bañuelos al baile de graduación.

Quezada se decidió por un cartel pintado con aerosol y rosas haciendo juego porque sabía que quería hacer la invitación rodeado de mucha gente. Decidió hacer la invitación de esta manera “para mostrarle y expresarle lo que siento por ella”.

De rodillas
“Me sorprendió totalmente”, dice Bañuelos, que pensó que era un gesto muy dulce. Pero agregó que también le resultó un poco “incómodo” cuando Quezada se puso de rodillas en frente de la clase.
Pero luego de haber hecho la invitación y de haber ido al baile, Quezada señala: “Me siento como si no hice que fuera un baile especial para ella”.
Sevana Minasvand, profesora de la preparatoria Óscar De La Hoya, considera que algunas de las invitaciones son muy ingeniosas, pero un poco innecesarias. Minasvand dice, “En mis tiempos (en la década de 1990), los chicos no hacían tanto dramatismo para invitar a las chicas”. Según ella antes la pregunta era más sencilla: “ ¿Ya tienes con quien ir al baile?  ¿Te gustaría ir conmigo?”.

 ¿Demasiada sofisticación?

Maggie Vera y Daniel Valenzuela en el baile de graduacion de Mendez Learning Center 2013. Foto cortesia de Juan Fuentes.

A Minasvand le gusta la creatividad de los estudiantes, pero cree que “es demasiado sofisticado y dramático al mismo tiempo”. También puede agregar más costos a una invitación ya de por sí cara. Este año, el costo promedio del baile de graduación a nivel nacional, incluyendo el vestido, el alquiler del esmoquin, el alquiler de la limosina y las flores, aumentó un 5% a 1,139 dólares, según una encuesta anual realizada por Visa. Sólo los boletos pueden costar cientos de dólares. Dependiendo en el grado de sofisticación, la invitación puede agregar otros costos.

Si bien la invitación puede ser algo tan sencillo como una serenata, puede también ser muy sofisticada como una conglomeración de gente o un conjunto de tambores, lo que a veces incluye a muchas personas. Esta primavera, el video publicado en YouTube, “Kate Upton, Will You Go To Prom With Me?” (Kate Upton,  ¿quieres ir al baile de graduación conmigo?) fue visto por más de 2.5 millones de espectadores pocos días después de ser publicado por Jake Davidson, graduado recientemente de la Escuela Preparatoria Milken Community de Sherman Oaks. Aunque la modelo de la edición de trajes de baño de la revista Sports Illustrated había dicho inicialmente que sí, después canceló la cita debido a otros compromisos. Davidson pudo conseguir que otra supermodelo lo acompañara al baile.

Hay ejemplos de invitaciones al baile de graduación que se publican en Internet desde diversos sitios en el país, lo que agrega más presión a pensar en una idea original y a la expectativa de recibir dicha invitación.

Las invitaciones no siempre provienen de los chicos. Yazmín Martínez, graduada recientemente de la preparatoria Óscar De La Hoya, pasó tres semanas estresada pensando en cómo pedirle a Daniel Corpus que la acompañara al baile de graduación. Una amiga le dio la idea de pintar la parte de abajo de la patineta con la palabra en inglés “Prom” (baile de graduación) y un signo de interrogación, ya que a Daniel le gusta andar en patineta. Martínez gastó 25 dólares en la patineta. Si bien sabía que Daniel iba a aceptar, dijo que se sintió “nerviosa y tímida”.

Sin importar si se invita al mejor amigo, a una novio o novia de hace mucho tiempo o a un amor secreto, es normal ponerse nervioso. Enrique Chávez, graduado recientemente de la preparatoria Óscar De La Hoya, dice: “Tenía miedo de lo que ella diría”.

Cuando Fuente, graduado recientemente del Centro Méndez, invitó a Maricsa Gómez al baile de graduación durante el cuarto período, le trajo flores para ella y su mamá. Dice que sintió como “si el salón hubiera cambiado de temperatura”. Le sudaban las manos, el corazón le latía a toda velocidad, y sentía “mariposas en el estómago”, dice. Si bien la manera en hacer la invitación es más sofisticada hoy en día, el temor al rechazo sigue siendo el mismo.

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