Guillermina Quezada with daughter Mariana González at Mariachi Plaza. Photo by Antonio Mejías-Rentas

Este artículo fue creado dentro del taller de escritura ‘Les voy a contar una historia’, organizado por Boyle Heights Beat y ELACC.

Por Guillermina Quezada

Es un 18 de octubre de 1995 en Leesburg, Virginia.  A las 4:30 de la tarde nace una niña, hija de padres latinos, que llevaría el nombre de Mariana. Habiendo nacido en la costa este de los Estados Unidos, en medio de una población de raza blanca, su piel morena clara y su pelo negro eran una novedad.

Recuerdo la gran algarabía que causó su llegada, pensar e imaginar su futuro en este país. Su padre le decía día a día “tu serás alguien muy importante y usarás una computadora”, y la sentaba frente a la computadora. Él le decía: “serás secretaria”.

Conforme fue creciendo a ella le gustaba jugar con carritos, algo no muy propio para niñas, según nuestra sociedad. Recuerdo que su papá le compraba muñecas. A ella simplemente no le interesaban este tipo de juguetes.  Era algo que no era bien visto por nuestra cultura. Luego llegaron dos hermanitos más, Manuel A. y Jesse.  Fue transcurriendo el tiempo, y la niña creció y viajó a México y al igual que sus dos hermanos, conoció el estilo de vida de allá.

Tiempo más adelante tuvo que regresar a este país y enfrentar la realidad de no hablar el idioma inglés. No fue fácil para ninguno de los tres enfrentar los retos del idioma, pero gracias al programa de educación bilingüe pudieron avanzar y poco a poco ponerse al día.

Guillermina Quezada con su hija Mariana González.

Como madre, yo aspiro a que mis hijos  tengan una carrera profesional.  Cada día tengo un reto que vencer juntos con ellos, lo primero es la cultura y luego las limitaciones económicas.

Haciendo grandes esfuerzos y con el apoyo de su madre, ya que su padre la mayor del tiempo estaba  trabajando, Mariana se involucró en programas de liderazgo en la escuela elemental 2nd Street School. Con el apoyo del subdirector Leonard Smith,  ella culminó su grado sexto con excelencia académica.

En una pared de la oficina del principal de esa escuela hay una placa con su nombre: Mariana González

Luego de ahí, fue a la escuela intermedia Hollenbeck, donde empezó otra etapa. No fue fácil para ella estar en una escuela de más de mil estudiantes; se sentía perdida y no aceptada, con los retos de la adolescencia y el medioambiente.

Poco a poco se fue integrando a los equipos deportivos –de softball, fútbol femenil y baloncesto– y encontró gran apoyo en la maestra Marisa Martínez, así logrando superar una experiencia más culminando en el octavo grado con medalla de honor. También participó en varios proyectos de innovación en el área de tecnología.

Después ella ingresó a la escuela secundaria Méndez. Otra etapa más y no tan fácil. Mariana entró en depresión por varias circunstancias pasadas en su vida. Tantos cambios y retos en nuestra familia y nuestra sociedad.

Pasó crisis muy fuertes al grado de no querer seguir viviendo. Recibió ayuda psicológica y apoyo de muchas personas, pero principalmente de su mamá, que siempre estuvo a su lado, motivándola, dándole apoyo y diciéndole “tú naciste con un propósito y una misión”.  Y así, poco a poco y con ayuda profesional, ella pudo salir de esta etapa de su vida.

Ella decidió no continuar en la escuela Méndez, ya que en la escuela tenía una gran amiga que era su confidente y lamentablemente la amiga divulgó sus pláticas personales. Ella decidió cambiarse de escuela y yo, su madre, la apoyé. Buscamos una escuela que la aceptara y, en efecto, la Esteban Torres High School la aceptó.

Ahí dio un cambio tremendo su vida. Practicaba deportes, corrió en diferentes maratones y caminatas. También participaba con el equipo de baloncesto Toros, con el que viajó a San Francisco,  San Diego y Sacramento, para torneos. Ella con su entusiasmo y gran ilusión seguía luchando y participando. Sus compañeras de equipo hacían muchas actividades para recaudar fondos para sus gastos de viajes para los torneos de baloncesto.

Después de muchos tropiezos ella logró graduarse y obtener su diploma de high school. No teniendo en mente qué carrera cursar, empezó a ir a talleres que ofrecían

las agencias de la comunidad. Yo, preocupada por su futuro, aprovechaba los recursos de la comunidad, dejando su nombre y dirección para que le enviaran a ella personalmente los folletos de oportunidades en educación y entrenamiento.

Encontró algo interesante la carrera de Técnica Automotriz y se inscribió en el Los Angeles Trade Technical College. Mi esposo se asombró de lo que a nuestra hija le interesaba. No estaba de acuerdo, pero no se oponía.

Cada mañana ella se levanta con una pasión y entusiasmo para tomar su curso.

Su meta es ser inspectora de smog check. Claro, no es fácil con el reto de nuestra sociedad machista, pero ella sigue adelante y las opiniones de nuestro sociedad no las toma muy en cuenta, ya que ella cree en sí misma y su madre la apoya.

No fue fácil, ya que no contábamos con los fondos económicos, pero no imposible. Ella solicitó y obtuvo fondos federales con la solicitud conocida como FAFSA.

Ahora mi esposo se siente orgulloso ya que nuestra hija es la primera en la familia graduada de high school y asistiendo a clases de colegio, con el gran reto en una carrera que no es propiamente clasificada para mujeres.

¡Si se puede!  Vamos, mujeres latinas, a la vanguardia en tecnología.

Guillermina Quezada es residente de Boyle Heights.

Boyle Heights Beat

Boyle Heights Beat is a bilingual community newspaper produced by its youth "por y para la comunidad". The newspaper and its sister website serve an immigrant neighborhood in East Los Angeles of just under...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.