Gráfico de Stephanie Varela

Los compañeros lo llamaban “Tucán Sam” y no era un apodo cariñoso. Se referían al tamaño de su nariz. “Me acosaron desde el kindergarten hasta el 9 º grado”, cuenta René Ayala, de 17 años, estudiante de la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt. Si bien nunca lo agredieron físicamente, Ayala fue víctima del acoso verbal.

El acoso ocurre en todos lados. Va más allá de si una persona es blanca, negra, latina, rica o pobre. Puede ocurrir en el patio de la escuela, en la calle o en Internet.

El acoso puede manifestarse en forma física, como empujar o golpear, o en forma verbal, como divulgar rumores o decir insultos. El tipo más reciente de acoso es el acoso cibernético, donde se pone en ridículo o se amenaza a una persona a través de mensajes de texto o en los sitios de redes sociales. El acoso puede causar daños importantes en la vida social de las víctimas, además de provocar consecuencias físicas o emocionales, incluyendo el suicidio.

Holly Priebe-Díaz es coordinadora de los programas de intervención del Distrito Escolar Unificado de Los Angeles (LAUSD). Su trabajo es ayudar a crear un entorno seguro para los estudiantes e intentar prevenir el acoso. “Les enseño a los adultos maneras para prevenir el acoso, tomar en serio a los estudiantes y saber qué hacer al respecto”, señala Díaz.

Más de la cuarta parte de los estudiantes entre 12 y 18 años dicen haber sido acosados en la escuela, según el Centro Nacional de Datos Estadísticos sobre la Educación, el principal centro federal de datos estadísticos relacionados con la educación.

Los estudiantes de la secundaria corren riesgo

Díaz señala que el acoso es más común en la escuela secundaria porque los estudiantes se encuentran en una edad más vulnerable. Muchas de las víctimas tienen alguna discapacidad o presentan un aspecto o conducta diferente al de los demás. 9 de 10 adolescentes homo-sexuales o lesbianas afirman haber sido acosados, conforme al Programa Nacional de Clima Escolar 2009.

Mónica Harmon, voluntaria del Departamento de Policía de Los Angeles y defensora de la seguridad pública en Boyle Heights, se dedica a dar charlas sobre el acoso en las escuelas de Los Angeles. Decidió involucrarse porque creía que las escuelas no estaban haciendo todo lo necesario para prevenir el acoso. Harmon recuerda ser víctima del acoso cuando era pequeña porque su familia era pobre. Afirma que una vez se burlaron de ella porque tenía un agujero en el zapato.

Harmon dice que a menudo un estudiante comienza a acosar a otros porque tiene problemas en el hogar o dificultades de adaptación, y estos son temas que pueden trabajarse. “Intentamos darles a los estudiantes la confianza y las herramientas para cambiar su conducta y no ser acosadores, porque no son chicos malos”, dice. “Es su conducta”.

En abril se celebró la Segunda Cumbre Adolescente sobre el Acoso en el Centro de Convenciones de Los Angeles, patrocinada por Positive Results Corporation (PRC), un grupo de educadores que organiza eventos para ayudar a reducir la violencia en las comunidades. Muchas familias asistieron a este evento, entre ellas las víctimas del acoso e incluso los acosadores.

“Acosaba a otros en el 6 º grado”, dice Juan Quiroz, estudiante de una preparatoria de Glendale que asistió a la confe-rencia. Quiroz señala que se convirtió en acosador después de ser víctima del acoso. Dijo que empujaba a su víctima, le metía la cabeza en el excusado y lo escupía. Al principio, acosar a otros le hacía sentir que tenía poder, dice. Pero después de un tiempo, se cansó de eso y dejó de hacerlo.

Desafortunadamente, no todos los acosadores se cansan y abandonan esta conducta. El acoso continúa con frecuencia en la vida adulta. Según un estudio reciente realizado por un grupo llamado “Fight Crime” (Luchar contra el crimen): El programa “Invest in Kids” (Invertir en los niños) señaló que el 60% de los varones de la secundaria que los investigadores clasificaron como acosadores son procesados por al menos un delito cuando alcanzan los 24 años. Que el acoso se detenga depende de si hay intervención por parte de los padres o los maestros.

Ayala afirma que sus maestros nunca indagaron por qué era tan callado o por qué sus calificaciones empeoraban. Era víctima de ataques verbales, no físicos, pero el acoso hizo que ahogara muchas de sus emociones. “Intenté mantenerme indiferente y también tuve ideas suicidas y todo eso”, dice. “Me funcionó mientras me acosaban. Me aislaba de casi todo el mundo la mayor parte del tiempo”.

Los maestros no informan sobre estos incidentes

No resulta inusual que los maestros ignoren los casos de acoso o no reconozcan su gravedad. Conforme a una encuesta realizada en el año 2011 por la Asociación Nacional de Educación, una organización de maestros, solo el 14% de los maestros informa los casos de acoso.

Priebe-Díaz señala que esto no se debe a que los maestros no quieran involucrarse, sino a que a menudo no creen que el acoso se convertirá en algo más grave. Dice que por este motivo, ella les enseña a los padres a prevenir e investigar el acoso, “para asegurarse de tomar en serio a los estudiantes y saber qué hacer al respecto”.

Es importante que los padres estén atentos y listos para asumir un papel activo. “Queremos darles a los padres los conocimientos y las herramientas necesarias para ayudar a sus hijos a hacer frente a estas situaciones y denunciarlas”, dice Priebe-Díaz. Si bien algunos adultos piensan que el acoso es parte del crecimiento, deben tener en cuenta que puede convertirse en algo más grave. Los padres deben participar activamente en la vida diaria de sus hijos a fin de que los estudiantes no sientan vergüenza de compartir sus problemas con ellos, afirma.

Ayala manejó por cuenta propia las consecuencias de ser víctima del acoso. Para ayudarse a superar su propio miedo, se convirtió en activista en la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt. Decidió probar y ayudar a otros a lidiar con problemas semejantes. Junto con otro compañero, Óscar Rodríguez, Ayala hizo una grabación para el Proyecto contra el Acoso de la Generación PRX, en el que habló sobre lo grave que era el acoso. “Tuve que derribar obstáculos similares a los míos para lograr que las personas me hablaran sobre sus propias experiencias”, dice Ayala.

Ayala espera poder ayudar a los estudiantes a fortalecerse al lidiar con sus ideas negativas y a superar los recuerdos que los atormentan. En su caso, pudo aceptar el apodo negativo que le habían dado y convertirlo en algo propio.

“Lo odié durante un tiempo”, dice, pero “lo cambié a ‘2Kan’ y esto me ayudo a encontrar una conexión personal.”

Señales de advertencia que pueden indicar que un estudiante es víctima de acoso

*Lesiones sin explicación
*Pérdida o daño de sus pertenencias
*Dolores de cabeza o estómago frecuentes
*Ausencias escolares
*Calificaciones que empeoran
*Autoestima más baja
*Conducta autodestructiva

Señales de advertencia que pueden indicar que un estudiante está acosando a otros

*Participa en peleas en forma física o verbal
*Es amigo de personas que acosan a los demás
*Aumento en la agresividad
*Culpa a los demás por sus propios actos
*Falta de interés en la escuela
*No acepta responsabilidad por sus actos
*Tiene dinero u objetos que no le pertenecen sin dar explicación

Fuente: stopbullying.gov

 

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