SALAD BOWLS are among the most popular of the items added recently to the school lunch menu to encourage healthy eating. / Photo by Jonathan Olivares

Las ensaladas se convirtieron en uno de los platos más populares recientemente agregados al menú escolar para fomentar hábitos de comida sana. / Foto de Jonathan Olivares.
Cuando el reloj marca las 12, suena la campana con un fuerte “ring” que se oye en toda la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt de Boyle Heights.

Mientras que 660,000 estudiantes del Distrito Escolar Unificado de Los Angeles (LAUSD), entre 5 a 18 años, van llegando a la cafetería de sus escuelas, todos tienen una nueva pregunta en mente:  ¿Cuál será el menú de hoy?  ¿Habrá lasaña de carne y ricota, pozole de pollo o pollo ancho chili con yakisoba? Estas son algunas de las opciones en el menú escolar de platos cultu-ralmente diversos que LAUSD comenzó a servir en septiembre del año pasado.

LAUSD, el segundo distrito escolar más grande del país, ha encabezado las iniciativas para mejorar el menú escolar. Su liderazgo comenzó con la determinación en el año 2004 de prohibir la venta de refrescos en los recintos escolares. Tiempo después se retiró del menú la leche chocolatada y la leche con sabor a fresa.

El nuevo menú con opciones más sanas, creado por Mark M. Baida, chef principal de los Servicios Alimentarios de LAUSD, redujo la cantidad de sodio, azúcar, calorías y carbohidratos. El menú también incluye una mayor cantidad de frutas y verduras frescas.

No más extravagancias
El nuevo menú de LAUSD ha ganado reconocimiento a nivel nacional por brindar opciones sanas, pero no todos están satisfechos con los cambios. Las reacciones encontradas de los estudiantes ya hicieron que el distrito se viera obligado a hacer ajustes al nuevo menú. Las opciones como guiso de carne, jambalaya y Asian Pad Thai, entre otras, ya se retiraron del menú por su falta de popularidad.

Estas opciones sanas fueron sustituidas por mini hamburguesas, pizza y calzone, todos alimentos del antiguo menú. (Los alimentos que se ofrecen a los estudiantes pueden variar de una escuela a otra según las diferencias en el equipamiento de la cocina.)

“La mayoría de los comentarios negativos los hicieron personas que no probaron los platos, pero una vez que los prueban, les gustan”, insiste David Binkle, subdirector de servicios alimenticios de LAUSD.
Gabriella Ríos, encargada de investi-gación nutricional de la Iniciativa sobre la Diabetes para la Comunidad de la Universidad del Sur de California (USC), examinó los valores nutricionales de las opciones del menú. Afirma que “todos los platos tienen el nivel adecuado de nutrientes, verduras, granos y proteínas que el cuerpo necesita para mantenerse en forma”.

Ríos también señala que no le sorprenden las críticas al nuevo menú, ya que el paladar de los estudiantes está afectado por las comunidades donde crecieron. Binkle concuerda con esta observación. “El desafío más grande es que son alimentos nuevos para los estudiantes, por lo que llevará tiempo incorporarlos”, señala.

Foto de Jonathan Olivares
Mercado negro de Hot Cheetos
A menudo los botes de basura de la escuela están repletos de almuerzos escolares sin comer. Cuando no les gusta la comida, los alumnos a veces recurren al mercado negro en busca de alimentos que otros estudiantes venden en forma encubierta en la escuela. Tanto los estudiantes como los administradores afirman que han visto una mayor cantidad de estudiantes vendiendo comida en la escuela. Y las bolsas y envoltorios arrugados de comida chatarra desperdigados por todo el predio escolar confirman este problema.

Los estudiantes generalmente venden comidas menos sanas, como Hot Cheetos, tortas, burritos y tamales. Yazmín Villapando, de 16 años y estudiante del 11 º grado, afirma, “sé que los Hot Cheetos o las tortas no me hacen bien, pero igual los como, porque al menos son mejores que la comida de la escuela”.

Si bien los estudiantes pueden ser suspendidos si se los encuentra vendiendo comida, nadie en la Roosevelt fue suspendido este año.

En LAUSD, el 80% de los estudiantes, más de 500,000 alumnos, cumplen con los requisitos para recibir desayunos y almuerzos gratis o de precio reducido. Esto significa que una gran parte de la nutrición de muchos estudiantes depende de la comida escolar.

A Aura Valencia, estudiante del 11 º grado de la Roosevelt, nunca le gustó la comida de la escuela. Dice que “la comida de la escuela está quemada o no está totalmente cocida, por eso no la como. Pero después me muero de hambre y no puedo concentrarme en mis clases”.

A algunos padres también les preocupa la calidad de la comida escolar. Martha Rodríguez, madre de una estudiante del 5 º grado de la Escuela Primaria Lorena Street, no deja que su hija coma la comida escolar. “Algunos de los platos que mi hija come no están cocinados adecuadamente”, señala. “No dejo que coma eso porque puede enfermarse y no quiero tener que llevarla al hospital”.

Laura Torres, organizadora de padres de Inner City Struggle, una comunidad local sin fines de lucro, señala que se debería capacitar al personal a preparar correctamente las comidas. “Aunque tengan buenos alimentos, si les sobra o falta cocción, eso va a afectar el resultado y… lo que los niños reciben”.

Reconocimiento a nivel nacional
El año pasado, LAUSD recibió el premio Golden Carrot del Comité de Médicos a favor de la Medicina Responsable. El premio fue creado para reconocer a los programas que ofrecen alimentos más sanos para el almuerzo escolar. Muchas escuelas de LAUSD también fueron reconocidas como “Escuelas más sanas de EE.UU.” por el Departamento de Agricultura y la “Iniciativa  ¡A movernos!” de la primera dama Michelle Obama.

De todas maneras, sigue siendo difícil hacer que los niños coman alimentos sanos.

Binkle dice que “los premios son importantes para validar lo que se hace a nivel nacional, pero debemos concentrarnos en nuestros alumnos y seguir trabajando en el menú”.

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