Jennifer Lam en el Maratón Anual de Los Angeles. / Foto de Jonathan Olivares


El domingo pasado tomamos las calles de Los Angeles.

Me uní a unos 23,000 corredores que esperaban con ansiedad llegar a la línea de llegada, luego de recorrer 26.2 millas desde el Estadio Dodger a Santa Monica, como forma de celebrar la 27 º Maratón Anual de Los Angeles.

Como miembro del equipo de carreras cross y de atletismo de la Escuela Preparatoria Bravo, el año pasado corrí la Maratón de Los Angeles y decidí entrenarme para volver a correr esta carrera este año. Me entrené con Students Run L.A. (SRLA), un programa que se ofrece a estudiantes de la escuela secundaria para fomentar el buen estado físico, la disciplina y el establecimiento de metas durante el entrenamiento para participar de la Maratón de Los Angeles.

Si bien era la segunda vez que participaba de la maratón, no fue algo fácil. Comencé a entrenar en octubre, tan solo un par de semanas antes del gran evento. A lo largo de mi entrenamiento aumenté gradualmente la cantidad de millas en carreras divertidas como Hansen Dam Frienship Run de 18 millas y la carrera Universal Back Lot 10K Run, donde los participantes podían correr por los escenarios de Psycho y Desperate Housewives. Además de entrenarme con el programa SRLA, también participé de los entrenamientos con mi preparatoria en carreras de larga distancia y Yasso 800, con que son carreras consecutivas de 800 metros planos.

Para mí la maratón del domingo fue una oportunidad de hacer un recorrido por la ciudad. Corrimos por muchos lugares famosos de Los Angeles, como Walt Disney Concert Hall, el cartel de Hollywood y Beverly Hills. A diferencia de la lluvia del año pasado, los corredores este año disfrutaron del sol y del aliento del público que los animaba en las calles.

No creo que nada pueda preparar mentalmente a una persona para correr la maratón de 26.2 millas, ya que cualquier cosa puede ocurrir en la pista. Pero sentí una alegría extrema y estuve al borde de las lágrimas al acercarme cada vez más a la línea de llegada y oír las olas del mar y las personas que gritaban mi nombre para darme ánimo. Nunca me olvidaré de esta experiencia, ya que no todo el mundo puede decir que corrió una maratón.

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