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Estantes llenos en una tiendita de Boyle Heights.

Nota del editor: desde que este artículo se publicó originalmente, entró en efecto una orden municipal que requiere que clientes y empleados de mercados lleven puesto un tapabocas dentro de los negocios.

Por Erick Galindo/LAist

Publicada originalmente en inglés el 26 de marzo de 2020

Un viernes reciente, Ivette Serrano pasó parte de su mañana trabajando en la caja registradora en el Vallarta de Sylmar, la sede de la cadena latina de supermercados.

“Recibimos un gran envío de arroz esta mañana”, dijo Serrano. “Mucha gente estaba bien contenta al encontrar arroz y papel sanitario y botellas de agua aquí en la tienda”.

Las cosas ya están mucho más en orden, me aseguró Serrano. Hay límites de cantidad de artículos y del número de personas que pueden entrar a la tienda de una sola vez. Y la mayoría de los estantes de las tiendas han sido abastecidos desde que las compras de pánico vaciaran algunos de las tiendas de Vallarta en vecindarios pudientes como Sylmar, Downey y Burbank.

Varios cortes de carne fresca en un mercado de Boyle Heights.

Cuando hablé con Serrano, estaba a punto de ser entrevistada por Univision para asegurarle al público principal de Vallarta que no es necesario comprar en pánico. “Nos hemos reestructurado. Hemos reenfocados todos nuestros esfuerzos en asegurar que estos productos nos lleguen continuamente”, explicó.

También calmó uno de mis más grandes temores. “Estaba cobrando una orden de frijoles peruanos hace poco, así es que sí tenemos frijoles”, dijo ella. Con o sin pandemia, una vida sin frijoles sería para mí el infierno apocalíptico que a la mayor parte de Twitter le gusta propagar.

Serrano forma parte del grupo de trabajo de coronavirus de Vallarta, algo necesario para una cadena latina de supermercados que lidera el esfuerzo para proveer alimentos durante la pandemia. No están solos. Las carnicerías, las “licors” o liquor stores en inglés, hasta las gasolineras, han sido por mucho tiempo el corazón de muchos vecindarios en Los Ángeles.

Estos negocios familiares –o “mom and pop”– han jugado un papel clave al mantener sus estantes abastecidos en lugares como Eastside Long Beach, HiFi, West Adams y Exposition Park, donde vive mi amigo y colega escritor Cesar Hernández.

Una gran variedad de vegetales frescos en un mercado de Boyle Heights.

Mientras la gente convertía al Costco en el viejo oeste, Hernández encontraba todo lo que necesitaba en su tiendita local. Hernández dijo que no se trataba solo de evitar las filas masivas y estantes vacíos. Él quería comprar como y donde normalmente lo hace porque era importante mantener un sentido de normalidad y mantener “el ecosistema económico el vecindario intacto”.

“En medio de todo lo que está pasando, las tienditas siguen siendo un ancla para las comunidades de color, manteniedo a las familias alimentadas y bien abastecidas durante una pandemia mundial”, dijo Hernández

La ampm cerca de Olympic y Soto casi siempre está activada, según Anthony Sánchez, que vive en un edificio de apartamentos cercano.

“No tenemos tiempo que perder con ningún pánico por corona. Además, yo no tengo un carro así es que me vengo caminando un día sí y otro no y agarro lo que necesito”, dijo. Sánchez agarró un galón grande de agua, algunos plátanos, un rollo de papel sanitario y algunos sándwiches empacados.

Hay una gran demanda por papel sanitario en toda la ciudad, pero en las tienditas se pueden conseguir rollos individuales.

“Los mercados de la esquina son fantásticos si no necesitas cien rollos de papel sanitario”, añadió él.

Gina Anderson, chofer para un servicio de autos por alquiler, dijo que ella ha comprado en la misma carnicería de su barrio de Pico-Union por años. “Sé que puedo contar con ellos. Aun cuando vi el caos en Costco por televisión. Sabía que mi tienda tenía lo que yo necesitaba”, dijo.

Le di cinco estrellas aunque se negó a decirme dónde está la carnicería. “No quiero que llegue un montón de gente a arruinarme el sitio. Así es que empieza la cosa”, dijo ella. “La cosa siendo gentrificación”.

Otro escritor amigo mío, Lexis-Oliver Ray, dijo que ha hecho casi todas sus compras durante la pandemia en su liquor store local de la esquina. “Voy ahí con bastante regularidad, independientemente, así es que todavía es el lugar del que dependo durante todas estas últimas semanas”, dijo.

Un cartelón en una tienda de Boyle Heights advierte a clientes a mantener seis pies de distancia.

Lo que no puede encontrar en la “licor”, Ray consigue en el Número Uno Market de MacArthur Park. “Lo mismo que con la liquor store, siempre puedo contar con ellos. No había ido al mercado en semanas, antes de la crisis. Fui a unos cuantos lugares y estaban completamente agotados. Pero cuando fui a Número Uno, estaban completamente surtidos”, dijo.

A Ray le encanta ir a estos locales del vecindario porque dan un sentido de comunidad y uno crea un lazo con el dueño del negocio local.

“Poco a poco la persona detrás del mostrador se convierte en tu amigo”, dijo. “Son gente buena que de veras le importa. Y además, está el hecho de que es bueno ser amigo de la persona que tiene una tienda llena de licor”.

Este reporte ha sido traducido por Boyle Heights Beat y publicado con permiso de Southern California Public Radio. © 2020 Southern California Public Radio. Todos los derechos reservados.

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