Pulso de Boyle Heights entrevistó a una madre y su hijo, Galya Gonzales y Ángel Toscano, que fueron víctimas de violencia doméstica. En estos relatos, cada uno comparte su perspectiva sobre el impacto que esta experiencia tuvo en sus vidas. Esta familia accedió a que se publiquen sus nombres como una manera de ayudar a combatir este problema.

Centro superior, Galya Yelena Gonzales. Niño pequeño debajo de Galya, hombre de Toscano del ángel (hijo de Galya) que abraza Galya, el padre de Toscano del ángel, y desconocido.Photo provided by Galya Y. Gonzales.

Se dice que las mujeres latinas son feroces. Algunas son bondadosas y otras son calladas. Pero las apariencias pueden engañar.  ¿Quién puede saber realmente lo que una mujer está pensando y sintiendo, o lo que se está guardando sin decir nada a nadie?
Durante años, la gente pensó que Galya Yelena Gonzales era una de esas personas que sonreía y se reía con facilidad. Pero nadie sabia realmente lo que le estaba pasando. Escondía sus secretos y sus temores más profundos, incluyendo el miedo a hablar.

Gonzales es una superviviente de la violencia doméstica. Nacida en Guatemala, emigró a Estados Unidos a los 16 años y hace unos siete años que fue víctima de violencia doméstica. “Era mucha violencia, un gran maltrato, demasiado abuso, no podía soportarlo más. Todo lo que hacía era llorar”, dice Gonzales, de 49 años, mientras se quita los anteojos para enjuagarse las lágrimas durante la entrevista en su hogar de South Gate.

Casi una de cuatro mujeres es golpeada o violada por su pareja, según la Red Nacional para Terminar con la Violencia Doméstica. Las personas de todas las razas son “vulnerables por igual” a la violencia doméstica, según la Oficina Federal de Estadística Judicial. Sin embargo, las latinas se enfrentan a retos especiales. Un estudio llevado a cabo por Casa de Esperanza, en El Monte, que ayuda a las mujeres que enfrentan situaciones de violencia doméstica, indicó que las víctimas latinas tienen menos probabilidad de buscar ayuda debido al temor de ser deportadas, a las enseñanzas recibidas de su religión y su cultura, y a las dificultades del idioma.

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Causas De La Vioencia Doméstica
Alex Morales, presidente y director ejecutivo de la Oficina Infantil de los Ángeles, ha dedicado su carrera a prevenir la violencia familiar. Describe cada factor que tiene el potencial de contribuir a esta situación como un “paquete”. Uno de los “fardos” más básicos es el choque de personalidades entre el hombre y la mujer que forman la pareja.

“Quizás el hombre tiene un temperamento violento”, dice Morales. “Es posible que la mujer haya sido maltratada por otra persona y siente que es un fracaso”. Otro “fardo” es el estrés. El hombre puede haber tenido alguna experiencia estresante, como perder el trabajo, y descarga su enojo golpeando a su pareja, ya que es un blanco fácil.

La inestabilidad económica es una de las causas más frecuentes de estrés, señala Morales. También puede ser el motivo para que una mujer no abandone al abusador, especialmente si es el proveedor que mantiene a la familia.

Uno de los “fardos” más difíciles a las que se enfrentan las latinas es la cultura y las creencias religiosas. “Es uno de esos factores que la mayoría de las personas no les presta mucha atención”, afirma Morales. “Hay ciertos grupos étnicos y religiones que perciben a las mujeres como inferiores”.

Según Casa de Esperanza, las creencias religiosas pueden impedir que algunas latinas busquen ayuda ya que creen que la “santidad del matrimonio” excluye al divorcio o la separación.

“Algunas religiones les dicen, ‘Si las cosas no van bien, ese es el plan de Dios para ti’”, dice Morales.

La Historia De Galya Gonzáles
Al principio, Gonzales, víctima de abuso físico y verbal, no dejaba a su pareja abusiva por temor a que la matara. Además, no quería que su hijo creciera sin su padre. La pareja de Gonzales era carnicero. Le enseñaba los chucillos mientras los afilaba y amenazaba con matarla. El día que él comenzó a mostrarse abusivo con su hijo y le dio un fuerte empujón que lo derribó al suelo, se dio cuenta que tenía que tomar una decisión, y que no había tiempo que perder. No quería que la vida de su hijo también corriera peligro.

Gonzales era una persona muy alegre en su trabajo en un restaurante de Boyle Heights, y parecía una persona sin problemas. Pero hablaba con su supervisor sobre el abuso que sufría en el hogar.

“Él me decía, ‘Denúncialo, déjalo’”, dice Gonzales. “Vivía en un país donde podía defenderme, pero no era as픝. Un día, un detective de la policía que almorzaba habitualmente en el restaurante la vio llorando discretamente durante su rato de descanso en una esquina.

El detective le preguntó que había pasado. Con lágrimas rodándole por las mejillas, le contó sobre el abuso. Él la animó a que llevara a su hijo al médico por las magulladuras y le sugirió que recibiera servicios de orientación, los que recibió en el Centro para Mujeres del Este de Los Angeles.

Poder denunciar a su pareja la hizo sentirse intimidada y aliviada al mismo tiempo, dice Gonzales. Presentarse ante el tribunal la hizo sentir bien, porque recibió mucha ayuda.

Gonzales habló para defenderse. Y no se arrepiente de haberlo hecho. Ahora sabe que hay ayuda y que puede contar con ella. “Pude salir de un océano en el que mi hijo y yo nos estábamos ahogando”, dice. “Salí y pude pelear contra todas mis malas experiencias. Pude salir”.

“Todas esas olas en el océano. Toda esa turbulencia, es algo que ya pasé. Ahora mi corazón es feliz”.

Sobre El Autor

Melissa Martínez

A former reporter at Boyle Heights Beat and a 2014 graduate of Roosevelt High School, Melissa Martínez was the first in her family to attend college. She graduated in the Spring from Loyola Marymount University, with a degree in English, and is now a program associate at the Neighborhood Music School in Boyle Heights, the subject of her first article for The Beat.

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