Mirthala Alvarez con su calaca.

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Fotos de Antonio Mejias-Rentas
Rosa Cervantes piensa que es bueno recordar a los que ya se han marchado.

“Mucha gente no quiere ni hablar de los finados”, dice Cervantes, que le pone los toques finales a un altar en miniatura enmarcado, dedicado a su padre y a su suegro, ambos desaparecidos. “Yo s픝.

Cervantes pertenece a un grupo de señoras de la tercera edad de Ramona Gardens que se mantuvieron ocupadas durante las últimas semanas de octubre vistiendo y decorando las calaveras, infaltables en las conmemoraciones del Día de los Muertos en Los Angeles.

Aunque las ‘seniors’ se preparaban para una celebración comunitaria del Día de los Muertos, que se efectuará el 15 de noviembre en Ramona Gardens, muchas quisieron tenerlas listas para llevárselas a la casa y usarlas para su conmemoración privada el 1 de noviembre.

Las calaveras fueron confeccionadas bajo el ojo cuidadoso y paciente de Emma Hernández, una exdirectora del centro comunitario de Ramona Gardens que ahora trabaja como voluntaria con el club de personas de la tercera edad.

“Sentí en el corazón que tenía que regresar y contribuir a la comunidad que me ayudó cuando yo estaba aqu픝, dice Hernández, que solía llevar artistas para realizar talleres en Ramona Gardens durante sus años ahí. “Yo estaba aprendiendo de [los residentes] mientras yo les enseñaba a ellos”.

Hernández quiso que residentes como Cervantes expresaran sus propios sentimientos con las manualidades.

Cervantes mantiene un pequeño altar en su hogar desde que su padre falleció hace 10 años. Bajo una imagen de la Virgen de Guadalupe, dice, hay una foto de su padre y otra de su suegro, que falleció poco después. “Yo tenía veladoras, pero las quité porque ahora cuido a mi nieto”.

En el altar en miniatura que preparó este año, trató de mostrar a los dos señores en las ropas que, de acuerdo a su memoria, ellos vestían. Ella pensaba colocar el altar en el lugar sagrado de su hogar.

Cervantes dice que las conmemoraciones locales del Día de los Muertos tienen poco que ver con la forma en que se conmemora en su natal Michoacán. “[En México] íbamos al panteón todo el día”.

No todas las personas de la tercera edad en Ramona Gardens comparten esa experiencia. Para Mirthala Álvarez, que nació en El Salvador, el Día de los Muertos es una celebración extranjera que ella ha querido adoptar.

“Nunca hicimos esto en El Salvador”, dice Álvarez, a la vez que intenta ponerle medias a una calaca elegantemente vestida. “Aquí aprendemos de distintas culturas”.

En la misma mesa, frente a Álvarez, Rosa Gutiérrez viste sus propias figuras de huesos.

“Las calaveras somos nosotros”, dice Gutiérrez, una mujer nacida en Jalisco a quienes le brotan las lágrimas cuando menciona a sus padres fallecidos.

“Mi mamá tiene 50 años de muerta, nunca he ido al panteón”, recuerda.

“Mi papá tiene cinco años, no he ido. [Prefiero] imaginarlos vivos, no me siento bien al ir al panteón”.

Rosa Cervantes asegura que el conmemorar a los muertos significa volver a vivir el dolor que se sintió cuando partieron.

“Cuando voy a acompañar a alguien [al panteón] renueva el dolor de los perdidos”, dice Cervantes. “Vuelve a renacer el dolor, no se le olvida a uno”.

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