La Virgen de Guadalupe adorna el dispensario de marihuana en Boyle Heights. Foto de Emily Ochoa.
La Virgen de Guadalupe adorna el dispensario de marihuana en Boyle Heights. Foto de Emily Ochoa.

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El suave zumbido de la luz de neón verde de una cruz arroja su resplandor. Este audaz símbolo anuncia con orgullo la venta de marihuana para fines medicinales, iluminando así este lugar para los consumidores. Es sábado al mediodía y el estacionamiento del dispensario 4th Health Care (4THC), ubicado en la esquina de las calles 4th y Velasco, ya está repleto de usuarios que esperan con entusiasmo. Este local es uno de los tantos “dispensarios de marihuana” que abrieron recientemente en Boyle Heights y en otros lados de Los Angeles.

Los vecinos no son los únicos que están preocupados por el surgimiento de estos nuevos dispensarios y el flujo constante de tránsito que generan. Últimamente, el debate sobre la marihuana para fines medicinales ha captado más atención en los medios y en el Congreso, y más recientemente en los tribunales.

En febrero, la Suprema Corte de California consideró su primer caso sobre el derecho de la municipalidad a prohibir los dispensarios de marihuana. Se espera obtener un dictamen en algún momento de mayo, el mismo mes en que los votantes de Los Angeles decidirán sobre tres medidas opositoras relacionadas con la marihuana para fines medicinales en la hoja de votación. La polémica se centra en si los “dispensarios de marihuana” deben permanecer operativos y a qué grado deben ser regulados y pasibles de impuestos.

No faltan dispensarios ni clients
La secretaría municipal de Los Angeles calcula que existen entre 800 y 1,000 dispensarios en Los Angeles. Durante un sábado por la tarde, tan sólo dos meses después de su inauguración en Boyle Heights, el dispensario 4THC recibió unos 250 clientes, según Demetrio Miller, el guardia de seguridad armado del local. Miller recibe a los clientes a medida que ingresan a la tienda. Verifica la autenticidad de las recetas médicas de los clientes y escanea el documento de identificación, registrando así su visita. “[Los clientes] básicamente tienen que tener una receta de un médico”, dice Miller. “La mayoría de la gente que viene aquí la usa para fines medicinales, pero eso es lo que me dicen.  ¿Quién sabe en realidad lo que están haciendo?”

Después de presentar su documento de identificación, los clientes pasan a la sala de espera. El olor fuerte y penetrante de la marihuana llega desde el interior del dispensario cada vez que se abre y cierra la puerta. La vibración de la música fuerte a todo volumen trepida por las paredes. Una vez dentro, los clientes pueden automedicarse durante una hora. Los clientes pueden fumar marihuana en pipas o “bongs” dentro de la sala. Uno de los artículos de mayor venta son los dulces de hachís.

Joseph Escobar, de 22 años, obtuvo una receta médica debido al dolor ocasionado por la artritis. Es “bueno y de la manera adecuada para aquellos que la necesitan”, dice mientras se dirige al dispensario 4THC. “Estás muy relajado, muy tranquilo y [en] un estado mental muy en paz”.

Cómo interpretar las leyes federales, estatales y locales en materia de drogas
La presencia de los dispensarios de marihuana en California ha sido muy polémica desde que los votantes aprobaron la Ley de Uso Compasivo en el año 1996. La propuesta les otorgaba a los pacientes que padecían enfermedades crónicas el derecho a cultivar o tener bajo posesión marihuana para fines medicinales.

Sin embargo, conforme a la ley federal, la marihuana continúa siendo clasificada como una sustancia ilegal. Si bien California permite su venta, el conflicto entre las leyes estatales y federales ha creado una gran incomprensión entre los ciudadanos, las fuerzas del orden público y los tribunales.

“Las leyes son relativamente nuevas y los tribunales de apelación todavía no han tenido la oportunidad de dictaminar cómo deben ser interpretadas”, afirma el abogado Bruce Margolin, director de la oficina de Los Angeles de la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes sobre la Marihuana (NORML), que ha representado a cientos de clientes procesados por delitos menores relacionados con la marihuana.

La incertidumbre ha tenido como resultado la presentación de muchos casos ante los tribunales. En uno de los casos más audaces, presentado ante la Suprema Corte de California, un dispensario impugnó la decisión de la municipalidad de Riverside de prohibir los dispensarios.

El dictamen del tribunal podría establecer un precedente legal. Pero los partidarios de la legalización sostienen que esta “guerra contra la marihuana” es una pérdida de tiempo y dinero. “La sanciones penales para el cumplimiento de las leyes sobre las drogas son caras y el dinero podría usarse mejor para otros fines”, señala Margolin.

La Alianza para la Política de Drogas, que cuenta con oficinas en Washington, D.C. y en otros siete estados, se define como una de las principales organizaciones del país para la promoción de alternativas a la política actual en materia de drogas. Considera que Estados Unidos podría gastar mejor los fondos usados para llevar adelante una guerra contra todas las drogas ilegales, que según esta organización asciende a los 51 mil millones de dólares.

El padre John Moretta, de la Iglesia Resurrección de Boyle Heights, tiene un punto de vista muy diferente y es un franco crítico del uso de marihuana, tanto para fines medicinales como recreativos.

Al relatar sus experiencias con los consumidores de drogas, Moretta dice que no cree que la mayoría de la gente que vista los dispensarios padezca enfermedades reales. “Es curioso como aumenta el dolor los viernes y los sábados”, dice en alusión a los días de mayor venta.

En julio de 2012, el Concejo Municipal de Los Angeles votó la prohibición de los dispensarios en toda la ciudad, lo que tuvo como resultado el cierre de 762 dispensarios. Pero un mes más tarde, la municipalidad se enfrentó a más de 100 demandas judiciales como resultado de la prohibición. En octubre de 2012, el Concejo Municipal se vio obligado a revocar la prohibición cuando los defensores de la marihuana recolectaron más de las 27,425 firmas exigidas para someter esta decisión a referéndum.

El concejal José Huízar ha sido un claro partidario de clausurar los dispensarios. Si bien defiende el uso de la marihuana para fines medicinales, cree que “el estado debe crear una manera mejor para brindar acceso a los pacientes que padecen enfermedades graves, y al mismo tiempo retirar a la gran cantidad de personas que se benefician de esta situación y a los usuarios para fines recreativos que en la actualidad dominan el mercado”.

El Padre John Moretta de la Iglesia de la Resurrección en Boyle Heights. Foto de Emily Ochoa
El Padre John Moretta de la Iglesia de la Resurrección en Boyle Heights. Foto de Emily Ochoa

Los votantes decidirán
El Concejo Municipal de Los Angeles decidió someter el asunto a consulta popular en las elecciones de mayo. La Propuesta D, que cuenta con el apoyo del Concejo Municipal, permite continuar con sus operaciones solamente a los dispensarios más antiguos, e impone impuestos a las ventas de la marihuana para fines medicinales.

La Medida F, que cuenta con el apoyo de los dispensarios y los demás grupos en favor de la marihuana para fines medicinales, permite la operación de una cantidad ilimitada de dispensarios, siempre y cuando éstos paguen impuestos y cumplan con otros requisitos. La tercera medida, llamada Ordenanza E, patrocinada por el Comité para la Protección de los Pacientes y los Vecindarios, prohíbe todos los dispensarios de marihuana para fines medicinales excepto aquellos que abrieron antes del año 2007.

El concejal Huízar no ha dado su apoyo a ninguna de estas propuestas, ya que considera que es mejor esperar la dirección que plantee la Suprema Corte de California. Desea que el poder legislativo estatal “elimine las lagunas legales… para que solamente aquellos con necesidades médicas legítimas tengan acceso a la marihuana para fines medicinales”.

Pronto, sin embargo, el tema de los dispensarios podría convertirse en un punto álgido. En los últimos 17 años, California ha liderado el camino para la legalización de la marihuana, siendo el primer estado en legalizar la marihuana para fines medicinales. Con la legalización plena de la marihuana en los estados de Colorado y Washington, se espera que California siga el mismo rumbo. En la encuesta de Field Poll realizada en California en el 2012, el 56% del público afirmó que estaba a favor de legalizar e imponer impuestos a la marihuana.

El padre Moretta cree que la legalización de la marihuana traerá más problemas. Su principal preocupación son los jóvenes. Ve la marihuana como la puerta de entrada a otras drogas, lo que puede causar el consumo de drogas más serias. Si se aumenta el acceso, sostiene, eso conlleva a un aumento en la cantidad de consumidores jóvenes.

Un estudiante de 17 años de la escuela Bravo, que usa marihuana, tiene la opinión contraria. Cree que a algunos jóvenes les atrae la marihuana porque no es legal. Dice que la legalización “no aumentará [el uso de la marihuana] porque los nuevos usuarios no sentirán que es una trasgresión fumar marihuana”.

Si la legalización afectará o no el uso de la marihuana es uno de los argumentos más comunes. La Agencia Federal Antinarcóticos (DEA) cree que la demanda de la marihuana aumentará si se legaliza, mientras que el Instituto de Medicina (IOM) de la Academia Nacional de las Ciencias considera que “hay pocas pruebas de que la despenalización del uso de la marihuana conlleve necesariamente a un aumento sustancial en el uso de la marihuana”.

Aquellos en favor de la legalización plena de la marihuana sostienen que podría tener beneficios para todo el país, especialmente con respecto a la economía. Con la legalización, la marihuana sería tratada como algo similar al alcohol: algo pasivo de impuestos y regulado.

Conforme a la Alianza para la Política de Drogas, si California legaliza la marihuana, aplica impuestos y regula esta droga, el estado recibiría ingresos aproximados de 1,400 millones de dólares por año. Se espera que este tema figure nuevamente en la hoja de votación de 2016.

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