Marco Pérez, estudiante del 12 º grado de la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt ganó confianza al participar en el Club “Dreamers” de su escuela. /Foto de Mitzi Ballesteros.

Marco Pérez, de 17 años, parece ser un adolescente normal. Se levanta temprano todas las mañanas y va en bicicleta a la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt. Como estudiante del 12 º grado, está enviando solicitudes de ingreso para la universidad. Pero se enfrenta a un desafío distinto al resto de los estudiantes que se preparan para la universidad. Es un “dreamer”, un estudiante inmigrante indocumentado que sueña con legalizar su situación migratoria en los Estados Unidos.

La preparatoria es un período en la vida en que a la mayoría de los adolescentes les resulta difícil determinar su pertenencia, pero ser indocumentado puede aumentar el sentimiento de alienación. Los estudiantes indocumentados con frecuencia evitan ser miembros activos en sus comunidades ya que buscan minimizar las posibilidades de ser arrestados por las autoridades de inmigración. “Tenía miedo de que me iba a agarrar la policía y pasar por todo el proceso de deportación”, dice Pérez.

Mucho antes de que el nuevo programa para jóvenes inmigrantes indocumentados del presidente Barack Obama abriera nuevas oportunidades, los clubes de “dreamers” de la preparatoria ayudaban a los estudiantes indocumentados como Pérez brindándoles orientación para continuar con su educación y ayudándolos a obtener ayuda financiera. El club también ofrece a los estudiantes un lugar seguro donde sentirse a gusto, dándoles la oportunidad de apoyarse unos en otros y compartir temores semejantes acerca de su futuro.

Eileen Truax, una periodista que está escribiendo un libro sobre el movimiento de “dreamers”, afirma que estos clubes han crecido en los últimos tres o cuatro años, especialmente en aquellos estados donde vive una gran cantidad de adolescentes inmigrantes indocumentados.

“El objetivo principal de estos grupos era organizar a los estudiantes, informarles que tenían ciertos derechos y que podían exigir su cumplimiento para luchar por una vida mejor”, dijo Truax.

Saliendo de las sombras
La participación en el Club “Dreamers” de la Preparatoria Theodore Roosevelt le ha dado a Pérez un lugar de pertenencia, un lugar donde puede ser él mismo. Ahora Pérez se da cuenta de que muchos jóvenes comparten temores y dificultades similares. Dice que después de comenzar a participar en el club mejoró sus calificaciones y su vida social, y “salió de las sombras”, con lo que quiere decir que comenzó a “reconocerse como indocumentado”.

Los clubes de “dreamers” liderados por profesores de la preparatoria no son muy conocidos fuera de las comunidades de inmigrantes, pero existen desde el año 2001, cuando la primera Ley Federal “Dream” no logró ser aprobada. Dicho proyecto de ley, y las versiones subsiguientes que también fracasaron, buscaba ofrecer residencia legal a los jóvenes indocumentados que cumplieran con los requisitos, además de acceso a muchos de los beneficios de los ciudadanos estadounidenses.

Conforme al portal de la Ley “Dream”, un centro de recursos para jóvenes indocumentados, existen al menos 65,000 jóvenes indocumentados entre los más de tres millones de estudiantes que se gradúan de la preparatoria de EE. UU. todos los años. Estos estudiantes indocumentados que desean continuar sus estudios terciarios se enfrentan a otros desafíos, entre ellos no cumplir con los requisitos para obtener ayuda financiera del gobierno federal.

El nuevo programa del presidente Obama para ayudar a los “dreamers”, llamado “plan de acción diferida”, les permite a los jóvenes indocumentados que cumplen con ciertos requisitos recibir un permiso de trabajo por dos años y protección contra la deportación. Además, la nueva Ley “Dream” de California autoriza a los “dreamers” a solicitar ayuda financiera estatal, los subsidios “Cal Grant”, a partir del año 2013. Asimismo y por primera vez, estos jóvenes también podrán pagar la matrícula como residentes del estado, que es más baja que la de los estudiantes no residentes.

Es posible que estos nuevos cambios hagan una gran diferencia en la vida de muchos jóvenes que crecieron con miedo.

Pérez señala que la inseguridad sobre su situación migratoria le ha causado problemas emocionales y ha afectado su vida social y su desempeño académico. Dice que antes no le importaba mucho su futuro. Solía pasar la mayor parte del tiempo con amigos que no eran la mejor influencia, ya que no dedicaban mucho tiempo a los estudios.

En retrospectiva, Pérez señala que no era un buen comunicador y que no tenía sentido del humor. Dice que se sentía alienado porque no sabía con quién podía hablar sobre su situación.

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