Los amigos y familiares de Frankie Velásquez lo recuerdan y piden por él en un altar ubicado en las calles First y Gless. / Foto de Jessica Perez

Los residentes de Boyle Heights todavía recuerdan los tiempos en que su vecindario era víctima de la violencia generalizada a causa de las pandillas y del alto índice de homicidios.

“Fueron momentos muy difíciles, había tiroteos constantemente”, dice Lupe Lorea, residente hace 44 años del complejo de viviendas Pico Gardens, uno de los principales lugares donde se concentraban las actividades pandilleras durante la década de 1990.

Debido a los acontecimientos ocurridos recientemente, los recuerdos de cómo era el vecindario se han vuelto demasiado vívidos para Lorea. Hace poco Lorea participó con otros 100 miembros de la comunidad en una marcha por la paz y en una ceremonia de oración al aire libre en Pecan Park para recordar a Frankie Velásquez, de 20 años. Velásquez murió un día de después de recibir un disparo en las calles First y Gless el 5 de mayo, en lo que la policía afirma fue un asesinato a sabiendas, aunque no estableció ninguna relación con las pandillas.

Sin embargo, Velásquez no es el único por el que la comunidad llora. Unos días antes, Eddie Banks, de 42 años, murió luego de que él y su novia recibieran un disparo en el corredor de First Street, una zona muy concurrida por los residentes que frecuentan los bares, los restaurantes y el mercado de productos agrícolas. La muerte de Banks, informa la policía, estuvo claramente relacionada con las pandillas, y los investigadores esperan que con la información obtenida se pueda hacer un arresto.

Pero cuatro semanas antes, dos sospechosos se vieron implicados en un tiroteo en Pico Gardens que cobró la vida de Ricardo Orosco, de 27 años. Si bien los sospechosos estaban relacionados con las pandillas, la policía afirma que se sigue sin conocer el motivo de los hechos.

Cuando en menos de seis semanas el vecindario experimenta tres homicidios a pocas cuadras de distancia entre sí, muchas personas comienzan preocuparse y preguntarse si volverán a sufrir una ola de violencia en la comunidad, que en los últimos tiempos ha disfrutado de la paz y la calma y del índice más bajo de criminalidad registrado. “Ya no es lo mismo que antes”, agregó Lorea. “Solo le ruego a Dios para que no vuelva a empezar otra vez”,

El detective Carey Ricard, con 35 años de experiencia en el Departamento de Policía de Los Angeles (LAPD), afirma que si bien los residentes pueden observar cierta tendencia, no cree que el vecindario deba preocuparse por el inicio de una nueva ola de crímenes violentos, como la que se experimentó en épocas anteriores.

“La comunidad se ha acostumbrado a tener esta poca cantidad de homicidios”, señala Ricard. Estos homicidios, agrega, “no son un reflejo de que las cosas están volviendo a ser como antes”.

Los miembros de la comunidad se congregan para realizar una marcha por la paz y una ceremonia de oración en Pecan Park de Boyle Heights. / Foto de Jessica Pérez

Las estadísticas indican que el optimismo de Ricard no es infundado. En 1992, Boyle Heights sufrió más de 60 homicidios. El año pasado, solo se investigaron 12 asesinatos en la comunidad, dos de los cuales fueron cometidos en otro lugar aunque se deshicieron de los cuerpos en las inmediaciones. Además, conforme a los datos más recientes de LAPD, la cantidad de homicidios en Boyle Heights bajó 40 por ciento en lo que va del año.

En cierta medida, Ricard atribuye los índices históricos al drástico cambio en la División Hollenbeck, que cubre a Boyle Heights, El Sereno y Lincoln Heights. Desde la década de 1970, el departamento aumentó su personal de unos 130 a más de 300 agentes, donde más del 90 por ciento son latinos y muchos hablan español. El desarrollo en el área también ha contribuido a las mejoras, afirma Ricard, así como también los programas de intervención y prevención.

Si bien Ricard considera que los homicidios son algo inevitable, especialmente en áreas densamente pobladas como Boyle Heights, afirma que la mejor relación entre la policía y la comunidad juega un papel importante en su trabajo para mantener bajo el índice de criminalidad.

Ana Sarceno, residente de Boyle Heights de hace mucho tiempo, afirma que con la ayuda de las organizaciones y las iglesias locales, así como también de los padres y de los residentes con un papel activo en el vecindario se pudo transformar la comunidad, después de cansarse de ver morir a los hijos y vecinos.

Si bien ha observado cambios positivos en el vecindario, dice que es responsabilidad de la comunidad continuar defendiendo los servicios y los programas para los jóvenes, participar en marchas por la paz y exigir calles seguras.

“Tenemos que unirnos y seguir trabajando para lograr cambios en nuestra comunidad”, dice Sarceno. “Lo necesitamos. Lo merecemos”.

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