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Por Zola Cervantes

Pulso de Boyle Heights

Cada dos o tres meses, surgen nuevos negocios sobre el bulevar York en Highland Park, con nombres minimalistas como Donut Friend o The York. Estos lugares tienden a ser negocios exclusivos que están orientados a los nuevos residentes en esta zona que se ha puesto de moda.

Aquí, las donas personalizadas contrastan fuertemente con la realidad cotidiana de un vecindario donde muchos residentes latinos de clase obrera subsisten mes a mes gracias a su cheque de pago.

Hasta hace poco tiempo, Highland Park era considerado el “epicentro” del aburguesamiento o “gentrificación” en Los Ángeles. Los residentes de este vecindario al noreste de Los Ángeles hablan tanto de las desventajas como de las desventajas del fenómeno de la gentrificación, y muchos coinciden en que posiblemente Boyle Heights pase por este mismo proceso en el futuro cercano.

“Los cambios son parte de la vida”, dice Michael Baffico, propietario de una tienda para mascotas, uno de los nuevos negocios en York Boulevard. “Recuerdo cuando nadie quería vivir en el Distrito de las Artes. Ahora todos quieren vivir ahí. No me gusta que ahora sea lujoso, por eso entiendo que a las personas les moleste ver cambios en sus vecindarios”.

La gentrificación puede ser resultado del desalojo de inquilinos que pagan alquileres bajos y de propietarios que buscan cobrar alquileres más altos según el valor del mercado.

Brenda Pérez, residente de toda la vida de Highland Park, se queja de que muchos de los negocios familiares que solían encontrarse en el bulevar York ya no existen.

“La propietaria de Hot Stuff Hair Salon se vio forzada a irse”, dice como ejemplo. “Tuvo que mudarse al otro lado de Figueroa porque la obligaron. Leti’s Shoes, estaba al lado de Hot Stuff. Michelle’s Nails, estuvo durante años hasta que la propietaria fue desalojada”.

En Highland Park, como en muchos vecindarios de Los Ángeles, se trazan límites en base a la brecha generada por la gentrificación.

Amy Zepeda, de 23 años, vivió en el vecindario durante toda su vida. “Crecí unas cuadras más allá en la misma calle donde vivo ahora”, dice. “Pero tuvimos que dejar la casa y mudarnos a un apartamento. No podíamos pagar más ese alquiler”.

Irónicamente, Zepeda es la gerenta de The Donut Shop, uno de los negocios orientados a captar el nuevo público de paladar sofisticado.  “Con todos los negocios nuevos, los precios se han disparado, lo que en parte ha contribuido a que continúe viviendo en la casa de mis padres y no me haya mudado. No puedo pagar el costo de vivir en esta zona por mi cuenta, aunque tampoco puedo dejar la escuela y mi trabajo”.

Pero Zepeda acepta los cambios que han llegado a Highland Park. “Personalmente, me gusta que a la comunidad le esté yendo mejor. Antes no sentía orgullo de vivir aquí”, afirma.

Agregó que prefiere un vecindario que haya pasado por el proceso de gentrificación, a pesar de la falta de oferta de viviendas asequibles. “Se puede manejar. Si quisiera vivir con cinco amigos podría hacerlo. Pero si quisiera vivir sola, claramente eso no sería posible.

Sylvia Flores, propietaria de una tienda de artículos para fiestas en Highland Park durante 10 años, afirma que la seguridad en el vecindario ha mejorado con la llegada de los nuevos negocios y también de los nuevos residentes.

“Como que [antes] me daba más miedo”, dice Flores, que explicó que la violencia pandillera solía ser un gran problema en Highland Park como lo es en la actualidad en Boyle Heights.

“No era un lugar para estar de noche”, concuerda Zepeda. “No era realmente un lugar donde las personas podían salir. Y ahora creo que la comunidad tiene realmente un sentido comunitario”.

Pero algunos creen que muchos de los nuevos negocios son para beneficio exclusivo de los nuevos residentes, en su mayoría personas no latinas.

Angélica Vázquez ha vivido en Highland Park durante toda su vida y es propietaria de una barbería en el vecindario desde 1991. Recientemente, habló sobre las niñeras que cuidan de los niños en el nuevo parque construido en las inmediaciones, ubicado en York y la avenida 50. y que muy pocos veteranos del vecindario visitan.

“Es que ese parque lo hicieron más como para gente blanca”, afirma Vázquez. “Y va más gente blanca a éste, y al otro va más pura gente latina”. Los efectos de la gentrificación en Highland Park son complejos y presentan muchos matices.

Los cambios observados en los precios, la vivienda y la seguridad en Highland Park se reflejan en el costo más elevado de vida de este vecindario. Algunos de estos cambios también comenzaron a observarse en el corredor comercial principal de Boyle Heights, la avenida César E. Chávez, donde las tiendas con nombres como Weird Wave Coffee y Other Books imitan la tendencia retro y minimalista.

Una de las señales más claras de la gentrificación es el pronunciado aumento en el precio de las viviendas. En Highland Park, una vivienda monofamiliar, que figuraba con un precio de venta de $879,000, se vendió por $1 millón en 2014 –que según se informa, fue la primera vez en que una propiedad de Highland Park cruzó ese umbral desde 2007, cuando los precios de la vivienda escalaron en toda la ciudad. Una recorrida reciente por los sitios inmobiliarios en Internet indicó que varias viviendas en Highland Park se publicaban por más de un $1 millón, incluyendo una vivienda estilo Craftman de cinco dormitorios por $1.3 millones.

Los precios de las viviendas también han aumentado en Boyle Heights, donde existe una pequeña cantidad de residencias victorianas atractivas y bien mantenidas. Una cuenta en Twitter especializada en oportunidades inmobiliarias en el vecindario ya pronosticó que este año se venderá la primera vivienda monofamiliar en Boyle Heights por un valor de $1 millón.

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