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Por Stephanie Medina

Pulso de Boyle Heights

Todos los días, a las 5:30 de la mañana, Michelle Lemus, de 15 años, se despierta con la alarma de su teléfono celular. Hace casi tres años que ésta es su rutina.

“Aunque tenga mucho sueño, sé que tengo que levantarme tan pronto suene la alarma o llegaré tarde [a la escuela]”, señala la alumna de la Escuela Preparatoria Felicitas & Gonzalo Méndez.

Michelle Lemus

Lemus solía vivir a dos cuadras de la Escuela Secundaria Básica Hollenbeck y solo necesitaba unos minutos para prepararse antes de empezar las clases. Pero en el verano de 2014, su familia se mudó a Bell y el traslado a la Méndez ahora le lleva hasta 60 minutos, lo que significa que debe salir de casa antes de las 7 de la mañana para tomar el autobús y un tren de la Línea Dorada de Metro.

Los estudiantes como Lemus que han debido mudarse lejos de sus escuelas debido al alto precio de los alquileres a menudo tienen dificultades para llevar vidas sociales saludables y al mismo tiempo asegurarse de mantener buenas calificaciones.

En el verano de 2014, el propietario de la vivienda donde vivía la familia de Lemus aumentó el alquiler de $900 a $1,200 al mes por una vivienda de dos dormitorios en Boyle Heights. La vivienda no estaba contemplada en la ley de control de alquileres y el aumento fue demasiado alto para que Erika Cabrera, madre sola, pudiera pagar. Cabrera deseaba encontrar una vivienda asequible en la comunidad, pero tuvo que buscar en otros sitios. La familia terminó mudándose a un apartamento de un dormitorio en Bell por $800 al mes.

Lemus decidió no transferirse a una escuela en Bell porque a ella y su hermana les encanta la Preparatoria Méndez y no querían comenzar de nuevo en otra escuela. Por lo tanto, ella y su hermana, que cursa el 11.º grado, se trasladan juntas todos los días desde y hacia la escuela.

La madre de las hermanas Lemus reconoce que los largos traslados son difíciles para sus hijas, pero señala que asistir a la preparatoria Méndez es lo mejor para ellas y sus carreras académicas.

Horarios extenuantes

Durante seis años, Jocelyn Castañeda, de 16 años, y su familia alquilaban una vivienda de Boyle Heights por $1,200 por mes. En el año 2015, la propiedad, ubicada en la calle Guirado, se vendió y los nuevos dueños les notificaron su intención de aumentar el alquiler. La vivienda no estaba contemplada por la ley de control de alquileres.

Jocelyn Castaneda

La familia deseaba continuar viviendo en Boyle Heights, pero los padres de Jocelyn consideraron que los alquileres en este vecindario era muy altos. Por lo tanto, se mudaron a South Gate, donde el actualidad pagan $1,500 de alquiler.

Castañeda viajaba cuatro millas para asistir a clases todos los días cuando vivía en Boyle Heights. Después de mudarse a South Gate, la escuela le queda a unas 13 millas de distancia. Como resultado, el tiempo de traslado pasó de ser cuatro minutos a una hora.

“Ahora que vivo en South Gate, es diez veces más difícil socializar”, afirma la estudiante del 11.º grado de la Escuela Preparatoria Magnet Bravo de Ciencias Médicas. “Antes podía socializar con las personas que ya conocía en Boyle Heights. [Ahora] no tengo amigos y rara vez salgo, debido a las distancias”.

Castañeda comienza el día muy temprano y termina tarde por la noche. Se levanta a las cinco de la mañana para tomar el autobús escolar a las 6:15 a.m. Su madre dice que el esfuerzo vale la pena.

“La distancia no es un gran reto para llevar a Jocelyn a la escuela, porque recibe transporte gratuito al vivir a más de 10 millas de su escuela”, afirma Castañeda.

El autobús la deja a las 7:15 de la mañana, 35 minutos antes del inicio de las clases. Si bien debe esperar hasta que comiencen las clases, Castañeda dice que el autobús escolar es el tipo de transporte más confiable y económico.

“Preferimos levantarnos temprano en lugar de gastar dinero en gasolina”, afirma Sara Castañeda.

Jocelyn también llega a casa desde la escuela mucho más tarde de lo que estaba acostumbrada por depender del autobús.

“Postergo las cosas y siento que no tengo tiempo suficiente para terminar mis trabajos, ya que llego a casa tarde”, señala.

Lemus comprende. Como parte de su rutina los días de clases, toma el autobús 260 en Bell al búlevar Atlantic, donde se transfiere al tren de la Línea Dorada que la deja frente a la Méndez. Se considera afortunada si logra llevar a la escuela en 40 minutos. En los días con malas condiciones climáticas el viaje le lleva más tiempo. Afirma que el traslado le resulta estresante.

Algunos docentes comprenden las llegadas tarde por temas relacionados con los traslados.

“No tengo problemas en ayudar a un estudiante que llega tarde a clase debido a tener que viajar largas distancias”, afirma Daniel Reveles, profesor de la preparatoria Méndez.

Reveles observó de primera mano los efectos de llegar tarde que tienen en un par de estudiantes. Cuando un estudiante que había demostrado un buen desempeño en su clase durante el tercer período se cambió al primer período, comenzó a llegar tarde. “Todo se desacomodó después de eso”, señala Reveles.

“También tuve un estudiante que viajaba en bicicleta desde Compton hasta Boyle Heights para llegar a la preparatoria Méndez”, recuerda Reveles. El estudiante salía de casa a las 6 de la mañana y también volvía en bicicleta a casa.

Xochitl Cervantes-Luna, consejera de la preparatoria Méndez, afirma que ha observado un aumento en la cantidad de estudiantes que llegan tarde los días de lluvia. Los estudiantes que viajan distancias más largas, señala, a veces llegan tarde debido a que la lluvia afecta los horarios del transporte público.

Luna afirma que los administradores escolares pueden ayudar a los padres a saber cuáles son sus derechos, lo que representa un caso de ausentismo escolar y cómo justificar una ausencia.

Falta de información sobre las mudanzas

Es difícil determinar la cantidad exacta de estudiantes que se mudan de Boyle Heights para tener acceso a viviendas asequibles. Un portavoz del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD, por sus siglas en inglés) señaló que el distrito no lleva registro de los casos de mudanzas o transferencias de los estudiantes

Sin embargo, el distrito ofrece recursos para los estudiantes que viven lejos de sus escuelas. Para ser tenidos en cuenta, deben completar un cuestionario sobre sus condiciones de vida.

Los estudiantes pueden reunir los requisitos para recibir tarjetas Tap o vales gratis para el transporte, según Cervantes-Luna.  Si bien el cuestionario es confidencial, los administradores pueden divulgar dicha información a los consejeros, que a su vez pueden hablar con los profesores del primer período de clases para establecer adaptaciones para estos estudiantes. A un estudiante se le puede permitir recuperar una prueba que no hizo u obtener apoyo académico para una lección en la que estuvo ausente.

Los profesores comprensivos son ‘los mejores’

Lemus afirma que valora mucho a los profesores comprensivos. “Los profesores que entienden mi situación son realmente los mejores”, dice. “Entiendo que es problema mío si llego tarde, pero me encanta saber que son comprensivos y que intentan ayudarme con lo que me haya perdido”.

A pesar de los obstáculos, Lemus piensa continuar viajando a su escuela. “Aunque sea un reto, creo que vale la pena porque éste es el lugar donde nací y la comunidad con la que me identifico”, afirma.

Stephanie Medina cursará el 12mo grado en la Escuela Preparatoria Felicitas & Gonzalo Méndez. Ella dedica su tiempo libre a varios programas comunitarios y participa en eventos de su preocupación y de la de su comunidad. Espera especializarse en comunicaciones para poder ayudar a su comunidad de Boyle Heights.

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