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“¿Estás buscando pasarla bien?”

“Eres demasiado bonita para verte mala. ¿No me regalarías una sonrisa?”

Muchas chicas y mujeres oyen este tipo de frases con frecuencia. Es una experiencia común para muchas mujeres, tanto jóvenes como mayores.

Las chicas comienzan a enfrentarse a este tipo de conducta a temprana edad, y los estudios indican que tiene un impacto a largo plazo. Esta conducta se encuentra tan arraigada que muchas chicas crecen pensando que es algo normal. Incluso, es posible que no lo consideren como un caso de acoso. Este problema trasciende la raza, la cultura y los diversos segmentos socioeconómicos.

“Las insinuaciones sexuales me hacen sentir como un objeto y me dan asco”, afirma Jennifer Álvarez, de 16 años, residente de Boyle Heights que cursa el grado 11 en la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt.

Una encuesta realizada por la Universidad de Cornell en 2017 indicó que el 85 por ciento de las 2,238 participantes indicó haber tenido su primer contacto con el acoso “callejero” antes de los 17 años, mientras que el 11.6 por ciento señaló que dicho acoso ocurrió antes de los 10 años de edad. La encuesta también indagó sobre la manera en que esta conducta afecta la vida de las mujeres: la mitad de las participantes cambió su tipo de vestimenta, se negó a asistir a algún evento social o eligió otras opciones de transporte debido a estos sucesos.

Hilda Franco, directora del East Los Angeles Women’s Center. Foto de Jaquelin Rosas

“Considero que el acoso y las insinuaciones sexuales son cosas desagradables y totalmente innecesarias. Crea ambientes incómodos para las mujeres que solo intentan seguir adelante con un día normal”, señala Sonia Arreguín, de 17 años que cursa el grado 12 en la Roosevelt.

Hilda Franco, directora del Centro de Mujeres del Este de Los Ángeles, considera que el acoso sexual pertenece a la categoría de violencia sexual, la que define como cualquier acto indeseado de naturaleza sexual.

Franco señala que existe una idea común equivocada de que las mujeres pueden evitar el acoso. Pero algo al parecer tan sencillo como imponer códigos de vestimenta escolar transmite un mensaje negativo más hacia las chicas que hacia los muchachos. “Cuando se les dice a las mujeres: ‘No puedes mostrar los hombros’, se está transmitiendo un mensaje muy malo”, afirma Franco.

El Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles cuenta con un código de vestimenta que establece el largo de las faldas y los pantalones cortos, además de reglas que prohíben las blusas con tirantes finos, hombros al descubierto o escotes pronunciados. En general, a los muchachos se les prohíbe usar ropa demasiado grande o artículos de vestimenta asociados con pandillas.

¿Culpabilización de víctimas?

Algunas personas sostienen que estas políticas afectan la autoexpresión de las chicas. Otros señalan que reglas como estas son el inicio de un proceso de culpabilización de las víctimas. Franco afirma que algunos padres caen inconscientemente en la culpabilización de las víctimas, como manera de proteger a sus hijas.

“Mi madre siempre me dice: ‘Debes respetar tu cuerpo, por eso, no vas a salir con una musculosa”, señala Ixchel Boch, de 17 años que cursa el grado 11 en la Escuela Preparatoria Felícitas y Gonzalo Méndez.

Tanto Internet como las redes sociales también se han vuelto plataformas frecuentes para el acoso. Una encuesta realizada por el Pew Research Center en 2014 indicó que el 26 por ciento de las jóvenes entre 18 y 24 habían sido acechadas en línea y el 25 por ciento habían sido acosadas sexualmente.

Michelle Serratos, que cursa el grado 11 en la Preparatoria Méndez y es miembro de Quetzalli Mariposas, un club de justicia social para mujeres jóvenes, afirma que, en el pasado, los muchachos atacaban a las jóvenes del club tanto en persona como en las redes sociales porque las consideraban parte de un “grupo feminista”.

A comienzos del pasado año escolar, algunos jugadores del equipo de fútbol atacaron en Snapchat a las jóvenes pertenecientes a Quetzalli Mariposas y la publicación se hizo viral. El pie de foto describía al grupo como “las intocables” y en la foto adjunta se hablaba de las muchachas como “perras”.

Las jóvenes llevaron este asunto a la administración escolar. “Me sentí incómoda”, dice Boch, miembro de las Mariposas. “Había muy mala onda y, si caminabas sola, era horrible”.

Las muchachas dicen que la conducta se mantuvo aproximadamente durante un mes, hasta que la administración escolar amenazó a los muchachos con retirarlos del equipo de fútbol. La situación al final mejoró.

(El Pulso de Boyle Heights intentó comunicarse con la dirección de la preparatoria en varias oportunidades para hablar sobre el incidente y las políticas escolares establecidas contra el acoso, pero las solicitudes para realizar una entrevista no tuvieron respuesta.)

Empoderamiento y educación

Franco, encargada de programas de capacitación para mujeres jóvenes, afirma que es importante empoderar y educar a los jóvenes sobre la conducta adecuada a tener con el sexo opuesto.

Karla Ortiz, de 19 años, señala que no siempre supo cómo hacerse oír cuando le ocurría algo que se asemejaba a un caso de acoso escolar o sexual. Ahora como organizadora de jóvenes en el Centro de Mujeres del Este de Los Ángeles, Ortiz ayuda a guiar a las muchachas jóvenes.

“Aprendí que, como persona, mi voz importa y debo ser capaz de proyectar mi voz”, afirma Ortiz.

“No tiene nada de malo elogiar a alguien por su apariencia, pero ir más lejos, como acosar, hacer insinuaciones sexuales o hacer sentir a alguien incómodo o inseguro, es realmente patético”, afirma José López, de 17 años que cursa el grado 11 en la Preparatoria Roosevelt.

López afirma que muchas de sus amigas son víctimas del acoso a diario y muchos de sus compañeros no parecen entender el impacto que generan sus comentarios.

“Puede haber muchos motivos por los cuales los hombres lo hacen, pero ninguno es motivo suficiente para hacer sentir a las mujeres como un objeto en vez de como un ser humano”, señala Arreguín.

Foto superior: Miembros de Quetzalli Mariposas, un grupo de justicia social para mujeres en la preparatoria Méndez. Cortesía de Michelle Serratos.

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