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Por Saúl Soto

Pulso de Boyle Heights

Se suponía que los actores representaran a Lucha, una chica mexicana, y a Jameson, un chico anglo, que se enamoran y se dan el primer beso en el Parque Hollenbeck. Era una escena de “Hopscotch”, una ópera móvil en la que actores y público se desplazaban en limusina por varios vecindarios de Los Ángeles, incluyendo Boyle Heights.

The New Yorker la llamó “inspiradora” y el New York Times dijo que era “hechizante”. Pero en un largo escrito en Tumblr, la organización maoísta “Serve the People Los Ángeles” –que repartía comida en el Parque Hollenbeck– la declaró “una actuación circense exclusiva para la burguesía blanca”.

Foto de Antonio Mejías-Rentas

El grupo le pidió a los actores que abandonaran el parque y, cuando estos se rehusaron, reclutaron a la Banda Escolar Roosevelt para interrumpir el espectáculo. Esa última función de “Hopscotch”, en noviembre de 2015, marcó el inicio de “Defend Boyle Heights” (Defender a Boyle Heights).

“Ese día nos dimos cuenta de que necesitábamos ser más fuertes que simples individuos luchando en contra de la gentrificación en Boyle Heights”, dijo Angel Luna, un activista de 24 años y líder de Defend Boyle Heights, una coalición de cinco organizaciones comunitarias del sector este. “Que necesitábamos un frente agresivo y militante que gritara fuertemente que no queremos el aburguesamiento y que haremos lo que sea necesario para detenerlo”.

Los miembros de la coalición Defend Boyle Heights’ incluyen a los East LA Brown Berets, un grupo radical que data de los años 1960s, al igual que Unión de Vecinos, un grupo de inquilinos que se formó para luchar en contra del desplazamiento de familias del complejo de vivienda Aliso Village en los 1990s. Los otros miembros de la coalición son la brigada feminista de ciclistas Ovarian Psycos y el grupo de medios Undeportable Productions.

Foto de Antonio Mejías-Rentas

La agresividad y visibilidad de Defend Boyle Heights hizo que a finales de junio apareciera una página en Facebook con el mote de “Defender a Boyle Heights de Defender a Boyle Heights”. Aunque quienes los critican dicen que sus tácticas agresivas y a veces furiosas tienen el efecto de polarizar a la comunidad, Defend Boyle Heights argumenta que su militancia es esencial para preservar el vecindario. Esas tácticas y la atención que han generado han llevado al primer plano la discusión sobre la gentrificación en Boyle Heights.

Los miembros de Defend Boyle Heights llevan a cabo reuniones comunitarias donde utilizan presentaciones Power point para detallar las causas y efectos del aburguesamiento e identificar a los principales enemigos del movimiento. Son jóvenes latinos, en su mayoría, los que asisten.

Defend Boyle Heights es además parte de otra coalición, que se hace llamar en español Boyle Heights Alianza Anti Artwashing y Desplazamiento, o B.H.A.A.A.D, y ambas han dirigido sus esfuerzos hacia las galerías de arte del distrito de almacenes de Boyle Heights, llamando al boicot de las mismas y protestando en contra de ellas. Los activistas dicen que la reciente llegada de estos negocios de alto nivel causarán que suban los alquileres en los vecindarios aledaños y el desplazamiento de inquilinos de bajos recursos.

El año pasado, el eslogan en inglés de Defend Boyle Heights “F__k White Art” (Chin.. el arte blanco) fue pintado sobre una de las galerías. Defend Boyle Heights negó estar involucrado. En febrero de 2017 los dueños de la galería P.S.S.S.T. dijeron que se sentían amenazados por los ataques y decidieron retirarse de su local alquilado en el distrito.

Foto de Saúl Soto.

Miembros de las coaliciones alegan que las galerías están conectadas a las  desarrolladoras inmobiliarias y “los grandes poderes económicos de Los Ángeles” y que a estas no les importan las necesidades de la comunidad.

“Nos hemos sentado con artistas y comisarios y otros personajes de la industria del arte”, dijo Luna. “Una y otra vez hemos sido testigos de su descuido directo, ignorante y arrogante”.

A los líderes de Defend Boyle Heights no les tiembla el dedo a la hora de señalar. También acusan a organizaciones no gubernamentales sin fines lucrativos (ONG) de haberse vendido a las desarrolladoras. En su lista están la East Los Angeles Community Corporation (ELACC), que desarrolla proyectos de vivienda asequible y organiza a vendedores ambulantes y a pequeños negocios, y Leadership for Urban Renewal (LURN), una organización de desarrollo comunitario que ofrece acceso a fondos y consultoría a empresarios locales.

Pero la organización que más ha señalado Defend Boyle Heights en su discurso, sus campañas en medios sociales y protestas ha sido Self Help Graphics & Art.  Ha pedido el boicot de la organización comunitaria de las artes, que muchos consideran como parte fundamental del Movimiento artístico chicano de los años 1970s. Luna dijo que el grupo fue señalado porque algunos de sus líderes trabajaron como consultores de la ópera “Hopscotch”. Acusó a la ONG de “ayudar materialmente” a las galerías de Boyle Heights”.

Foto de Ernesto Orozco.

Joel García, director de programas y operaciones de Self Help, negó que la ONG esté involucrada de manera alguna con las galerías. Dijo que, en realidad, Defend Boyle Heights y Self Help tienen metas en común.

Self Help Graphics “fue fundada porque no había espacio para los artistas de color en esas galerías”, dijo García. “¿Por qué debíamos nosotros trabajar con entidades que no nos quieren allí? No trabajamos con ninguna de esas galerías, y ellas no quieren trabajar con nosotros”.

García dijo que los ataques de Defend Boyle Heights están mal dirigidos.  “¿Por qué no estamos hablando con los que hacen política pública, por qué no estamos hablando con oficiales electos sobre cómo proveerle recursos a la comunidad?”

Un nuevo café sobre la avenida César E. Chávez Avenue se ha convertido en el nuevo objetivo de Defend Boyle Heights. A minutos de la apertura de Weird Wave Coffee Brewers, a mediados de junio, los protestantes marcharon frente al café y la coalición declaró un boicot. Los activistas vieron la llegada del café especializado como una primera señal de gentrificación, como fue la llegada de estos negocios en boga a Highland Park y Echo Park.

Dos hombres a cargo del café –los copropietarios John Schwartz y Jackson Defa– colocaron un aviso en la ventana que decía “Negocio propiedad de latino”.  Mario Chavarría, un tercer copropietario, redujo a los protestantes a un “grupo polarizador” que no representa a la comunidad de Boyle Heights.

“Creo que el mensaje de ellos se está perdiendo y que ellos se están enfocando en el aspecto racial, simplemente porque mis amigos son caucásicos”, dijo Chavarría, que nació en El Salvador y se crió en Inglewood. “Su argumento no tiene sentido, les salió el tiro por la culata. En realidad ha hecho que la comunidad nos reciba como un nuevo negocio y han venido a darnos su apoyo”.

Weird Wave además impulsa la economía local, dijo Chavarría, al comprarle a Homeboy Industries, un programa para expandilleros, y a otros vendedores locales.

“La gentrificación ya sucedió y nosotros simplemente somos un pequeño negocio que vende café”, dijo Chavarría. “No veo cuál es el problema con eso”.

Luna está en desacuerdo. “Al final del día, hacemos esto porque amamos nuestro vecindario”, dijo. “Hacemos esto porque queremos vivir en nuestro vecindario con dignidad y sin temor a ser desplazados”.

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